El 22 de septiembre de 1832, el joven Charles Darwin de 23 años, un estudiante de teología aficionado a las ciencias naturales y embarcado en el bergantín HMS Beagle, hizo una serie de descubrimientos en la barranca de la Punta Alta: algunas conchillas y huesos de animales que estaban incrustados en las piedras. Solamente su ojo avizor pudo comprender que se trataba de restos fósiles, de miles de años de antigüedad.

Barranca Punta Alta, 1897. (MNPB)

No conforme con lo hallado, y atraído por la riqueza paleontológica del lugar, retornó los días 23 y 25 de septiembre y el 1º, el 8 y el 16 de octubre

¿Por qué volvía con tanta frecuencia a Punta Alta? ¿Qué despertaba su interés? Ante todo, los hallazgos de fauna extinta. Éstos constituyeron las primeras evidencias fósiles que posibilitaron el desarrollo posterior de su afamada Teoría de la Evolución. En efecto, los restos de gliptodontes y megaterios comenzaron a mostrar con certidumbre incontrastable que las especies cambiaban y mutaban a lo largo del tiempo.

Precisamente Darwin, recolectó las primeras evidencias fósiles de la transformación de las especies en Punta Alta y luego, en Inglaterra, dio forma a su teoría.

Ella se basa en la noción de la selección natural. Aquellos individuos que están mejor adaptados para sobrevivir en su medio ambiente-tienen una mejor oportunidad de prosperar y así pasar su características a su descendencia. “La supervivencia del más apto” implica que en una población dada los individuos más fuertes tienen una mejor oportunidad para sobrevivir (y por lo tanto producir descendencia con las mismas características genéticas), aquellas características eventualmente se convierten dominantes en la población. El proceso de mejoramiento puede eventualmente resultar en una especie enteramente nueva, evolucionada de otras más viejas que poseían características menos avanzadas.

Ese día en que Darwin llegó a Punta Alta, es una de las fechas más importantes de la historia de la ciencia moderna en su conjunto. Los fósiles que hallo aquí, y en  Las Rocas (Pehuen Co) fueron los que le hicieron pensar seriamente en la evolución.

Actualmente, no hay duda en la comunidad científica internacional que la visita de Darwin a Punta Alta fue tanto o más importante para el desarrollo de su pensamiento que las tan renombradas Galápagos, que visitó casi tres años más tarde.

Por eso, todos los años Punta Alta recibe la visita de científicos o delegaciones universitarias de todas partes del mundo, deseosas de conocer el lugar donde Darwin encontró por primera vez, la primera evidencia fósil para sustentar su teoría.

Actualmente, los paleontólogos del mundo están convencidos de la gran importancia del sitio Punta Alta y de la costa rosaleña en general, mayor aún a la que tradicionalmente se asignó a las islas Galápagos. Algunas opiniones se detallan a continuación.

El afamado paleontólogo Niles Eldredge, curador emérito del Museo de Ciencias Naturales de Nueva York, declare en su paso por la Argentina en 2009:

Niles Eldredge

“Estoy convencido de que los fósiles que halló en Punta Alta, cerca de Bahía Blanca, y en el faro de Monte Hermoso fueron los que le hicieron pensar seriamente en la evolución. En mi opinión, esos fósiles son la ‘Primer Galápagos’ de Darwin”. [1]

En su libro Storia del pensiero biologico evolutivo. Con riflessioni di filosofia ambientale, editado por la ENEA (Agenzia Nazionale per le Nuove Tecnologie, l’Energie e lo Sviluppo Economico Sostenibile) en 2013, Piergiacomo Pagano escribió:

“Lo que más le impactó fueron los extraordinarios huesos de  gigantescos animales prehistóricos encontrados en Punta Alta y  la disposición especial de especies a lo largo del continente sudamericano

y en las Islas Galápagos. Por lo tanto, pensó que la transformación de las especies, o transmutación -en

el término que fue utilizado por primera vez por Whewell- era  una realidad y la que  organismos vivos sean una  transformación  de un antepasado común, diversificando en  muchas especies hijas”[2]

 

Finalmente, artículo publicado por la National Geographic, expresa:

 

“Los estudiosos siguen discutiendo la importancia de esas criaturas extintas y vivientes de Argentina, (…) La evidencia es mixta, incluso entre los diversos comentarios sobre el asunto que dejó el propio Darwin. El más contundente de estos comentarios, en mi opinión, es uno colocado de manera tan manifiesta que suele pasar inadvertido. Comprende las dos primeras frases de El origen de las especies, que inician el libro con una nota nostálgica. Dice así: “Cuando me encontraba a bordo del HMS Beagle, como naturalista, estaba muy impresionado con ciertos hechos de la distribución de los habitantes de América del Sur y de las relaciones geológicas entre los habitantes presentes y pasados de ese continente. Me parece que que estos hechos arrojan alguna luz sobre el origen de las especies…”. Los pinzones de las Galápagos hacen su aparición 400 páginas más adelante.”[3]

[1] Diario Los Andes ,  24 de enero de 2009 (http://www.losandes.com.ar/noticia/sociedad-404888 )

[2] Piergiacomo Pagano: Storia del pensiero biologico evolutivoCon riflessioni di filosofia ambientale, editado por la ENEA , 2013 (http://www.enea.it/it/seguici/pubblicazioni/pdf-volumi/V2013PensieroBiologicoEvolutivo.pdf )

[3]David Quammen “Las primeras pistas de Darwin”, en National Geographic,, febrero de 2009. P. 19

Punta Alta, Darwin y la evolución.

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