El carnaval es la fiesta popular más antigua y con continuidad en Punta Alta. Las primeras serpentinas volaban por la calles del centro  muy a principios del siglo XX. Al igual que la ciudad, el carnaval nació con los inmigrantes y está alimentado por las distintas identidades culturales de las múltiples zonas del país que conviven en Punta Alta.

Mascaritas sueltas en el Carnaval 1952, en calle Bernardo de Irigoyen.

El carnaval es una fiesta de tradición popular que se remonta a siglos de historia y cuyos orígenes pueden rastrearse al imperio romano. Desde su inicio, el mundo infinito de las formas y manifestaciones de la risa que llamamos carnaval, ofrecía una visión del mundo, del hombre y de las relaciones humanas diferente a la habitual. Una profunda cultura cómica popular dio forma a los festejos que vivimos hoy, en los carnavales de cada febrero, antes del recogimiento de la Cuaresma y la Semana Santa.

En Argentina, los primeros registros sobre el carnaval datan de la época de la colonia. Dan cuenta de que también entonces el carnaval ponía en escena tensiones sociales: En 1771 el Gobernador de Buenos Aires, Juan José de Vértiz, instauró los bailes de carnaval dentro de locales cerrados con el argumento de preservar la moral y las buenas costumbres. Prohibía las manifestaciones callejeras, con bailes “al toque de tambor”, donde participaban esclavos negros.

Ya entrado el siglo XX, la costumbre de festejar el carnaval se fortaleció aún más, volviéndose una  práctica habitual en todo el territorio nacional, donde se impuso el desfile  callejero llamado “corso”, con disfraces, carros decorados y juegos callejeros con agua, harina o serpentinas. También se hizo habitual la concurrencia de familias a los bailes de carnaval en clubes barriales, usando máscaras y disfraces.

Corso en el centro, organizado por la Sociedad Argentina, década del ́20.

A nivel local, puede afirmarse que el carnaval es el festejo colectivo más antiguo y con continuidad de Punta Alta. Nació con la llegada de inmigrantes europeos que venían a trabajar en la construcción del Puerto Militar a fines del siglo XIX. Creció y cambió como sus modos de vida, sus experiencias y saberes. En 1902 se encuentran los primeros registros de la organización de un baile de carnaval: “Habiendo pasado las fiestas de Momo casi desapercibidas por falta de iniciativa, varios jóvenes de Punta Alta, Puerto Militar y Arroyo Pareja, teniendo tal vez en cuenta que nunca es tarde cuando la dicha es buena, se lanzaron a organizar un baile de sociedad, el que dado los elementos valiosos con que contaban hacía esperar un brillante resultado.” (La Nueva Provincia Nº 1018, 13 febrero de1902)

La noticia indica que ya entonces una fiesta en nuestra ciudad incluía la participación de habitantes de esta localidad pero también de la Base Naval. A lo largo de la historia, el carnaval local incluiría la participación e intercambio entre vecinos de estos dos centros urbanos, que conforman una misma comunidad.

Carroza El Gran Circo,construida por Juan Orofno,Rubén Da Rapresentacao y otros, Canaval Internacional Rosaleño de 1965.

Desde principios de siglo XX el carnaval se vuelca al espacio público: el corso es un desfile por las calles que invita a bailar, hacer música, salir a la vereda disfrazado, jugar y reír con otros. Sin dudas el corso es previo a 1916. Se conservan registros que dan cuenta del trabajo de la Comisión Pro Corso de ese año y, además, una nota del diario Nueva Época de 1917 afirmando que en Punta Alta habrá festejos “celebrando el acostumbrado corso”, indicando que era una fiesta ya característica en la ciudad (Nueva Época, Nº 770, 17 de febrero de 1917, p. 2). Un festejo callejero donde algunas familias o instituciones locales montaban palcos adornados, otras personas se disfrazaban, organizaban murgas y comparsas (con otras características a las actuales), adornaban sus carros y sulkys para desfilar por las calles jugando con serpentinas. Todo era posible gracias al trabajo de la Comisión Pro Corso (autorizada por el gobierno municipal) que estaba integrada por vecinos, autoridades y comerciantes interesados en que se realicen las multitudinarias fiestas de Momo. En algunas ocasiones la organización estaba en manos de una institución intermedia, como el caso de la Sociedad Argentina que lo hizo durante más de dos décadas, desde 1919 hasta 1941.

En las décadas del ´50 y ´60 fue central en los corsos la presencia de carrozas de grandes dimensiones que representaban distintos personajes y motivos. Eran carros, acoplados o tráilers remolcados sobre los que se construían estructuras de madera y hierro, que luego se cubrían de alambre y cartapesta, por último eran pintadas de vivos colores. En algunas ocasiones representaban personajes de cuentos o fábulas, en otras tomaban el tema de canciones o noticias muy difundidas en la época.

Carroza “El Diablo se Divierte”, construida por Iginio Maggio, Alberto Gómez, Néstor Díaz y Rubén Vecchi para la Asociación Empleados de Comercio en 1953.

La construcción de estas carrozas en nuestra ciudad es una práctica fuertemente ligada a la inmigración italiana. Fueron italianos los aportaron la técnica de la cartapesta sobre estructura de alambre que más tarde se extendió en la población.

En la década del ´60, el auge del carnaval de Río de Janeiro trascendía las fronteras de su país para hacerse conocido en todo el mundo como espectáculo de grandes dimensiones, que además generaba un fuerte impacto económico en la región con la llegada de turistas. Es así que varias ciudades argentinas tomaron el modelo de la fiesta espectacular carioca para organizar bailes y corsos con disfraces y ritmos brasileros. En Punta Alta, la comisión Pro Corso de 1965 organizó el propio “Carnaval Internacional Rosaleño”. Durante enero y febrero de ese año las notas periodísticas prometían la presencia de comparsas brasileras, uruguayas y chilenas, así como dos de las carrozas ganadoras del último carnaval de San Juan. Se planteaba por primera vez el carnaval como recurso cultural que buscaba generar una corriente turística que redundara en beneficios para la ciudad, difundiendo también las playas y actividades recreativas.

Construcción de la carroza Caballo de Troya, en 1957. De izquierda a derecha, “Titito” Saval, Humberto Manuel Blanco, Emilio Mercatelli, constructor de carrozas desde 1954 a 1965, Santiago Marmoni y “Chingolo” González.

Después del golpe de estado de 1976, el carnaval deja de formar parte del calendario oficial de festejos con el Decreto/Ley N° 21.329, que anula los feriados de lunes y martes de carnaval en todo el país. Se abre entonces un período en el que se reducen este tipo de expresiones populares: el carnaval se pierde en parte de los pueblos y ciudades a lo largo de todo el territorio nacional, o persiste con menos fuerza en barrios periféricos, con menos centralidad que años anteriores. Sin una Comisión Oficial que los organizara, la llama del carnaval persiste gracias al trabajo de sociedades de fomento y clubes que llevan adelante bailes y corsos barriales.

Hoy el carnaval de Punta Alta está alimentado por las distintas tradiciones culturales de las diferentes zonas del país que conviven en la ciudad. Por eso se pueden ver comparsas con influencias correntinas y brasileñas, presentes desde la década del ’80; la celebración del entierro y desentierro del carnaval, propia de Jujuy y que se realiza desde 1992; y la murga rioplatense, vigente desde el 2006.

La potencia del carnaval viene de su historia, pero también de su presente como construcción colectiva: es una fiesta que se ve solamente unos días, pero que se hace todo el año, con el trabajo minucioso que articula a cientos de personas que cosen, aprenden pasos, preparan comida para recaudar fondos, transmiten lo que saben a otras generaciones.

Por Prof. Lucia Bianco.

Fuentes:

  • Bianco, Lucia: “El Carnaval Puntaltense, Historia de una Fiesta Popular”, en:  Revista El Archivo N° 36, Noviembre 2016, Punta Alta.
  • Bajtin, Mijail: “La cultura popular en la edad media y en el renacimiento” El contexto de Francois Rabelais”, versión de Julio Forcat y César Conro, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y letras, Alianza Editorial.
  • Gaitán, Agustín Martín: “Carnavales puntaltenses y corsos rosaleños, 1948-1981”, Punta Alta, S/A.
  • Martel, Fernanda: “Los carnavales de antaño no se olvidan” La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 9 febrero 2014 http://www.lanueva.com/Punta-alta-/746267/los-carnavales-de-antano-no-se-olvidan.html
  • Martín, Alicia: “Decime adónde vas alegre mascarita que me gritas al pasar“, en: El diario íntimo de un país, 100 años de vida cotidiana, La Nación, 1995.
  • Martín, Alicia: Fiesta en la calle: carnaval, murgas e identidad en el folklore de Buenos Aires, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1997.
  • Puccia, Enrique Horacio: Historia del carnaval porteño,  Academia Porteña del Lunfardo, Bs.As., 2000.
  • Raimondi, Sergio: “La alegría se cose lentejuela por lentejuela”, en: Revista Rompeviento N°1, Instituto Cultural, Bahía Blanca, febrero 2013.
  • Romero, Coco: La murga porteña. Historia de un viaje colectivo, Ediciones Ciccus, Bs. As. 2012.
  • Tellarini, Jorge Guillermo: Bahía murguera. XX años de murga argentina en Bahía Blanca, 1992-2012, Centro murga Vía Libre, cancionero, Bahía Blanca, 2013.
El Carnaval en Punta Alta, más de cien años de la fiesta popular puntaltense.

Un pensamiento en “El Carnaval en Punta Alta, más de cien años de la fiesta popular puntaltense.

  • febrero 8, 2018 a las 2:12 pm
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    Recuerdo los corsos con las enormes estructuras realizadas en la Base Naval.
    Particularmente una carroza con un gigantesco mono comiendo bananas que rodaba al compás de “estaba el orangután, meciéndose en una rama…” Bellos recuerdos de aquellos días en que sentíamos la sirena de terminación del corso y salíamos disparadas para que no nos mojaran esos raros peinados que debíamos lucir en los bailes de Rosario o Los Andes,

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