Las calles no son inmóviles como aparentan ser. Una vez trazadas, suelen acumular transformaciones a través del tiempo: asfaltado, ensanches, cierres, cambios de nombre, que dan cuenta de los vaivenes históricos y de la actividad de la ciudad. No solamente sirven para circular, sino que, en ciudades como Punta Alta con un plano en damero, ofician de coordenadas que facilitan la orientación a través del entramado urbano. También sus nombres son señas de identidad, una suerte de marcadores que indican qué héroes o acontecimientos se honran y qué historia se narra a través de ellos.

Como parte de un trazado urbano en constante crecimiento, las arterias puntaltenses de principios del siglo XX no fueron ajenas a este proceso de metamorfosis que convirtió, en menos de cuatro décadas, al precario campamento de obreros asentado a la vera de las obras del Puerto Militar, en la moderna ciudad de 1940. Las calles del llamado “casco histórico” puntaltense (zona comprendida entre Colón, Espora, Villanueva y 9 de Julio) son las que mayores cambios sufrieron, por ser las más antiguas. De ellas se hablará en este artículo.

 

El nombre de las calles.

Los trabajos del Puerto Militar provocaron los primeros campamentos que se ubicaron en la zona de Arroyo Pareja. Eran alrededor de 15 manzanas, habitadas por unos mil obreros. Pese a hallarse lejos de los obradores, en la elección del lugar primó el abastecimiento no solo de materiales de construcción, sino de alimentos y pertrechos, que llegaban por el puerto natural de Arroyo Pareja. Al inaugurarse en agosto de 1898 la prolongación del Ferrocarril del Sur desde Grünbein para asegurar el abastecimiento, la situación cambió al contarse con un medio de comunicación rápido y eficaz con Bahía Blanca y Buenos Aires. El ferrocarril determinó que el núcleo de población se trasladase desde Arroyo Pareja a lo que hoy es el centro de Punta Alta.

Si bien el nuevo núcleo tuvo un crecimiento espontáneo, respetaba un cierto orden: se demarcaron manzanas de 100 metros de lado con calles a 90 grados, al igual que otros núcleos urbanos argentinos. En ese entonces, los vecinos pusieron los nombres a las calles: la actual Colón era llamada “Progreso”, Bernardo de Irigoyen, “Transvaal”, Urquiza era “España” y Mitre “25 de Mayo”. Pero en la sesión del 4 de mayo de 1910, el Concejo Deliberante de Bahía Blanca resolvió, conforme lo dispuesto por una comisión ad hoc, oficializar el nombre de varias calles y de la plaza de Punta Alta, poniendo la nomenclatura vigente actualmente[1].

(Ver : Historia de la Calle Bernardo de Irigoyen ; Historia de la Avenida Colón.)

 

Las alturas de las calles.

En la década de 1920, Punta Alta ya superaba los 10 mil habitantes y el crecimiento trajo aparejado la necesidad de un mayor ordenamiento urbano. Si algo se había contribuido con la normalización de la denominación de las calles, no pasaba lo mismo con los carteles nomencladores ni con su numeración. Efectivamente, no bastaba que las arterias tuviesen su nombre si no había ningún cartel que las identificase; por otra parte, las alturas no siempre se indicaban y, cuando se lo hacía, era en forma aproximada. Esto traía aparejado un sinfín de problemas no solamente a los carteros que debían entregar correspondencia, sino a los nuevos habitantes de la ciudad que llegaban a vivir desde otras localidades o a los eventuales visitantes y la numerosa marinería de la Base Naval.

Calle Comodoro M. Rivadavia, donde se observa la caravana automovilístca con motivo de la inauguración del camino hormigonado entre Punta Alta y Bahía Blanca, 1932.

La Sociedad de Fomento de Punta Alta tomó cartas en el asunto y varias veces solicitó a las autoridades una solución al problema. Así, el 4 de febrero de 1931 elevó una nota al Comisionado Interino de Bahía Blanca, Eduardo Ferraresso[2] solicitándole que haga cumplir la ordenanza sobre nominación y numeración de las calles puntaltenses (si existiese) o bien que legisle al respecto haciendo uso de sus facultades extraordinarias. Es interesante consignar los fundamentos de la solicitud:

“Razones que nos inducen son que nuestra población va en constante progreso edilicio, y por cuya causa hoy por hoy no existe norma de las numeraciones, también en lo que se refiere a las nomenclaturas es completamente nulo, nuestras calles se ven diariamente ocupadas por muchas personas extrañas, comerciantes, viajantes, de distintas partes de nuestro país, en fin gente que necesita una guía , también obstaculiza el reparto de la correspondencia, y muchas otras cosas, como direcciones para en caso de enfermedades para los médicos y etc, etc.”[3].

La respuesta oficial esta vez fue rápida y el expediente entró a la Dirección de Obras Públicas a los pocos días de recibirse. Pero pese a las expectativas generadas, hubo que esperar a 1934 para que la municipalidad bahiense solucionara el problema. En el interin, algunos diarios organizaron una campaña para numerar las casas y locales, pero no tuvo la respuesta esperada. Una nota aparecida en El Regional señalaba que el tratamiento debía ser integral, esto es, comprender las chapas de numeración y los carteles nomencladores de las arterias de la población:

“Con el resultado conocido por todos se ha hecho una campaña intensa sobre la numeración de nuestras casas y se descuidó lamentablemente la nomenclatura de las calles, o mejor dicho la fijación de sus nombres ya que ellos figuran en los planos de la población. Ocurre así que la mayoría del vecindario no sepa en muchos casos en qué parte del pueblo se encuentra y que logre salir sólo por instinto de esta embarazosa situación aún tratándose de personas nacidas aquí o radicadas desde hace mucho tiempo atrás en el pueblo (…) Constituimos ya  una pequeña ciudad y no es del caso que los pobladores anden por sus calles al «tuntun» y puesto que la campaña para la numeración de las casas no dio el resultado apetecido, convendría insistir en ella y agregarle el del nomenclador de las calles”[4].

Calle Humberto I esquina Rivadavia, década del 20. (AHMPA)

A principios de 1934, el mismo diario instaba a colocar chapas con los nombres de las calles en las esquinas céntricas, aunque más no sea[5]. Pero la decisión final la tuvo la misma municipalidad de Bahía Blanca, según se hace eco El Regional de abril de 1934[6]. Finalmente, el 9 de mayo de 1934, el intendente Agustín de Arrieta elevó una resolución que ordena la numeración de las calles conforme a sus alturas según los planos de catastro, a la par que ordena licitar las correspondientes chapas para fijar en los frentes de los domicilios. La norma resolvió:

“Artículo 2°: La numeración de las calles comprendidas entre Villanueva y Quintana arrancará con el N° 1, en su intersección con la Avenida Colón y continuará en orden ascendente hacia el Nord Oeste.

Artículo 3°: Las calles Buchardo hasta Sáenz Peña y siguientes, que corran paralelas a la Avenida Colón, llevarán la numeración a la misma altura que ésta, desde el S.E. hacia el N.O., calculándose a tal efecto. como punto de arranque, su nacimiento en la calle Villanueva o su prolongación”[7].

La resolución también preveía el inmediato retiro de los frentes de toda chapa que no correspondan al orden establecido y la colocación de nuevas en su reemplazo o en aquellos edificios que no las tuviesen. Si en el primer caso el reemplazo era sin cargo al frentista, en el segundo se debía abonar la tasa correspondiente.

Obreros en bicicleta, a la salida de la Base Naval, cuando Bdo. de Irigoyen era doble mano, 1948.

Asimismo el artículo 7° estableció llamar a licitación para la compra de “4000 chapas de numeración domiciliaria, iguales a las actuales en uso, de hierro esmaltado en blanco y números de esmalte en negro y de hasta 200 chapas de nomenclatura, de tipo similar a las usadas en esta Ciudad”. Aunque la norma no lo indique explícitamente, se supone que estos carteles se pegarán en los muros exteriores de los edificios que se hallan en la intersección de dos calles.

La buena noticia recibió el apoyo de la prensa local y El Regional habla de un ensayo cuyo éxito se descarta: la colocación en las nuevas chapas de numeración domiciliaria el nombre de las calles, “con lo que se obtendrá una orientación perfecta, ya que no será necesario llegar a la esquina para saber en qué calle se halla uno”

Por fin, en diciembre de 1934 la Municipalidad procedió a la colocación de la cartelería correspondiente, con lo que se allanó un problema de vieja data en la ciudad.

Bernardo de Irigoyen y Humberto I, década del 50. Puede apreciarse el doble sentido de circulación de la calle en los autos estacionados.

Circular por la derecha.

La década del ’40 vio una Punta Alta con prácticamente la totalidad de sus calles asfaltadas. El barro y los zanjones de principios del siglo XX dieron paso a arterias modernas como correspondía a una ciudad en expansión. En esa década se produjo otro cambio que modificó la fisonomía de las calles de la ciudad que provino de una disposición nacional. El domingo 10 de junio de 1945, el gobierno decidió que se abandonaría el sentido de circulación de los vehículos por la izquierda y se comenzara a circular por la derecha. Hasta ese día, Argentina era uno de los pocos países de América donde se manejaba “a la inglesa”. Pero invocando problemas de seguridad en el tránsito y a la vez para no quedar fuera de la conexión por tierra con otros países de la región, determinaron el cambio en ese día, que posteriormente se transformó en Día de la Seguridad Vial.

Primera cuadra de calle Bernardo de Irigoyen, 1941.

Fin de la doble mano.

Desde el principio de la ciudad, las calles tenían doble mano. Pero conforme el tránsito aumentaba, se generaban múltiples inconvenientes. Esto fue subsanado por el Decreto Ordenanza N° 109 de 1962, que establecía que a partir del 1° de septiembre de ese año

habría una sola mano en las calles del casco céntrico, es decir, las comprendidas entre Villanueva, Patagones, Colón y Uriburu. Esto permitió un ordenamiento de la circulación vehicular y facilitó el cruce de las arterias por parte de los peatones[8].

Todos estos cambios experimentados por las calles puntaltenses en el primer medio siglo de la ciudad, dan cuenta de la actividad que experimentaba la sociedad de Punta Alta. Cambios rápidos y necesarios en un entramado urbano que progresaba al compás de sus actividades económicas y sociales: un sector privado dinámico (con empresas extranjeras como el Ferrocarril del Sud, el Rosario Puerto Belgrano y el Puerto de Arroyo Pareja) que se complementaba con las labores del Arsenal y de la Base Naval Puerto Belgrano, impulsaron el crecimiento de la sociedad en su conjunto.

 

Por Lic. Gustavo Chalier.

Fuentes:

  • Boletín Municipal de Bahía Blanca, 1934.
  • Recopilación de decretos-ordenanzas de la Municipalidad de Coronel de Marina Leonardo Rosales, 1953-1963.
  • Chalier, Gustavo: “Poder, historia y nominación: la toponimia urbana y la construcción de la identidad histórica en Punta Alta”, en Mabel C. de Bulnes y José Marcilese (eds.): Cuestiones Políticas, socioculturales y económicas del sudoeste Bonaerense, actas de las IV Jornadas Interdisciplinarias del Sudoeste Bonaerense, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 2007, pp. 235-240.
  • Chalier, Gustavo: La Punta de la historia (Punta Alta y su historia), Bahía blanca, Ediuns, 2010.
  • El Regional, Punta Alta.
  • La Nueva Comuna,Punta Alta.

Citas:

[1] Cfr. Chalier, Gustavo: “Poder, historia y nominación: la toponimia urbana y la construcción de la identidad histórica en Punta Alta”, en Mabel C. de Bulnes y José Marcilese (eds.): Cuestiones Políticas, socioculturales y económicas del sudoeste Bonaerense, actas de las IV Jornadas Interdisciplinarias del Sudoeste Bonaerense, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 2007,  pp. 235-240 y  Chalier, Gustavo: La Punta de la historia (Punta Alta y su historia), Bahía blanca, Ediuns, 2010.

[2] En razón de la interrupción del orden constitucional surgido del golpe de estado del 6 de septiembre de 1930, que depuso al presidente Hipólito Yrigoyen, el intendente municipal fue reemplazado por un comisionado interino que cumplía con sus funciones

[3] La Nueva Comuna, 6 de febrero de 1931; El Regional, 5 de febrero de 1931.

[4] El Regional, 14 de diciembre de 1933, p.1.

[5] El Regional, 11 de marzo de 1934, p.1.

[6] El Regional, 8 de abril de 1934, p.1.

[7] Boletín Municipal de Bahía Blanca, 9 de mayo de 1934, p. 4227.

[8] Recopilación de decretos-ordenanzas de la Municipalidad de  Coronel de Marina Leonardo Rosales, 1953-1963, p. 49.

Las calles de Punta Alta. Cambios en sus primeros 50 años.

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