Todos los 3 de junio, desde el año 2018, se celebra el Día Mundial de la Bicicleta. Esta jornada fue declarada por la Asamblea General de Naciones Unidas con la finalidad de homenajear y crear conciencia sobre este medio de transporte, que es económico, sustentable, ecológico y sencillo. También es saludable, dado que su utilización promueve la actividad física y combate el sedentarismo y sus enfermedades asociadas. Durante buena parte del siglo pasado, Punta Alta tuvo un alto índice de utilización de la bicicleta, no solamente como recreación sino también como transporte. Tal es así que fue conocida como “La ciudad de las bicicletas”. Los viejos vecinos y vecinas recuerdan esa época, en que un mar de miles y miles de operarios y militares montados en sus bicicletas anegaban los ingresos y egresos de la Base Naval dos veces al día, conformando un inusual espectáculo pocas veces visto en otras ciudades argentinas.

La aparición de las bicicletas.

Salida de una parte de los obreros de la Base Naval en el sector de la Estación del Ferrocarril del Sud (actual Puesto Nº 2). (El Atlántico,2 julio de 1935.)

Sin entrar en consideraciones de los orígenes de las bicicletas (vehículos con dos ruedas unidos por una barra e impulsados por los pies fueron creados ya en Egipto, China antigua y por Leonardo da Vinci en el Renacimiento), el inicio de la moderna bicicleta lo encontramos en el siglo XIX. El vehículo tal como lo conocemos, fue producto de varios desarrollos a lo largo de esa centuria que mejoraron el diseño y lo hicieron fácil y seguro de conducir. En 1839 el herrero escocés Kirkpatrick Macmillan  habría construido la primera bicicleta con pedales, pero esta atribución no es del todo segura. A principios de la década de 1860, los franceses Pierre Michaux y Pierre Lallement agregaron  un accionamiento de manivela mecánico con pedales en una rueda delantera agrandada: el velocípedo, que se produjo en forma masiva.  Durante los años posteriores, se introdujeron mejoras en el diseño. Hacia 1885, el inventor británico John Kemp Straley produjo lo que llamaríamos una bicicleta de diseño moderno, con tracción en la rueda trasera, cadena de trasmisión, y cuadro como el que conocemos. Las ruedas, de hierro revestidas de caucho sólido, en 1890 son mejoradas por el escocés John Boyd Dunlop, inventor del neumático. A partir de entonces, la bicicleta se hizo más cómoda en el andar y su uso se popularizó hasta convertirse en verdadera fiebre en Europa.

Salida de obreros en bicicleta cruzando las vías del Ferrocarril Rosario Puerto Belgrano , Avenida Colón y calle Bernardo de Irigoyen. (foto Roa, década del 40)

Su uso y difusión fue producto de varios factores concurrentes:  la aparición de corrientes higiniestas que propugnaban el ejercicio físico y el esparcimiento al aire libre; la legislación en los países desarrollados de normas que incorporaban el descanso dominical o sabatino a amplios segmentos de población trabajadora y que dejaban tiempo libre para su utilización como vehículo recreativo; su costo y el escaso mantenimiento, mucho  más barato que un caballo o un carro, lo que lo hacía ideal para los obreros; su versatilidad, capaz de avanzar a una velocidad considerable en todo tipo de terreno, incluso en el barro de las calles de aquel entonces[1].

Aviso publicitario de la bicicletería de Juan Caraffini.
(Álbum de Punta Alta, 1919)

La bicicleta en Punta Alta.

No se sabe exactamente cuándo ni quién introdujo la bicicleta en Punta Alta, pero se supone que en la primera década del siglo ya habría un número considerable funcionando en la ciudad. Vehículo favorito entre aquellos que trabajaban en Puerto Militar, les permitía cubrir la distancia que mediaba entre sus casas en la ciudad y sus lugares de trabajo en el Arsenal o en los buques de la escuadra en forma rápida. Da cuenta de esta multiplicación del número  ciclistas la aparición de un depósito de bicicletas, propiedad de Atilio Canese y que aparecía citado en una guía comercial[2]. Unos años después, se establecía en la primera cuadra de calle B. de Irigoyen el taller mecánico y armería de Juan Caraffini en 1914, que se dedicaba a la venta y alquiler de bicicletas y motocicletas. Según una publicación de la época, el negocio se hallaba provisto de un  “buen número de ellas, con las que sirve a su extensa clientela”[3]. Se sabe también que antes de 1918, Manuel Goldestein tuvo una reducida “casa de ciclismo” en la segunda cuadra de calle Irigoyen, negocio que fue adquirido por Pablo Álvarez en ese año y donde levantó su propio local: “Los Deportes”, donde entre otros artículos deportivos, se dedicaba a la venta de bicicletas[4]. En 1923, Santos Ilacqua fundó la casa que llevaba su nombre, consagrada inicialmente a la venta y reparación de bicicletas y, posteriormente, de motos[5].

obreros en bicicleta, a la salida de la Base Naval, cuando Bdo. de Irigoyen era doble mano, 1948.

Para ubicarse en el contexto urbano, el desarrollo del automóvil fue bastante lento en las dos primeras décadas del siglo. Para 1913, había en Punta Alta solo tres autos y dieciocho en 1922. Pero a lo largo de la década se experimentó un verdadero boom de vehículos motorizados, elevó su número a 458 en 1930 y 550 en 1931. No obstante, el número de automotores era relativamente escaso dado el conjunto total de la población en ese entonces (unos 13.000 para 1930) y buena parte lo conformaban colectivos y camiones de carga[6]. El automóvil, cuyo uso iba en paulatino aumento, eran importados de Europa o de EEUU, por lo que su precio era elevado y todavía estaba reservado a cierto sector social como profesionales o comerciantes prósperos.

Interior del salón de exposición y ventas de la casa “Los Deportes”, de Álvarez e Hijos. Puede apreciarse la gran cantidad y variedad de bicicletas.
(Gran Álbum de Punta Alta, 1941.)

Por eso, el uso de la bicicleta no mermó, pues seguía siendo un medio de transporte económico, el preferido de la amplia base social que era trabajadora. Su generalización obligó a la misma Base Naval a dictar una serie de normas y disposiciones respecto a su uso y también la construcción de instalaciones para que los obreros dejasen sus vehículos. En 1917 se construyó un bicicletero dentro del local asignado al control de operarios (chapero) con una capacidad para 145 bicicletas. En el año 1930 se construyó, en chapa, un nuevo local con capacidad para 200 bicicletas, situado entre baños para obreros y frente al taller de Fundición. Pero resultó insuficiente, por lo que en 1943 por expediente 9-A-560/43, se solicitó la construcción de un nuevo local con capacidad para 1000 bicicletas. Finalmente, en el año 1949, con recursos propios de Talleres Generales, se construyó con cabreadas de madera y chapas cercado con alambre tejido, ocho tinglados para resguardo de bicicletas para una capacidad total de 1800 bicicletas. Este bicicletero se halla ubicado entre los edificios del taller de Electricidad y edificio en construcción para el Comedor de Operarios. La imagen que nos devuelve el relato de un antiguo operario, Carlos Tejeda, es la de los años 60, con los bicicleteros de la Base repletos:

El práctico Luigi Alimonda (a la izq.) circulando en bicicleta por la Base Naval Puerto Belgrano. (Caras y Caretas, Nº 1649, 10 de mayo de 1930.)

“Y los bicicleteros que había en la Base. Que en la Escuela de Aprendices había no sé cuántas y enfrente estaba el bicicletero importante de Talleres Generales. Que era el grueso digamos de la Base de los laburantes, los operarios. Colgadas ahí. Había no sé… cinco mil bicicletas. No había autos, había un auto cada no sé cuánto”[7].

Incluso por lo menos desde mediados de la década del 10,  la Base Naval contaba con bicicletas para uso de las divisiones o secciones del Arsenal, a fin de agilizar los desplazamientos internos[8]. Descritas como “bicicletas del Arsenal” o  “bicicletas del Estado”, para 1928 se ordenó que serían identificadas con una placa en su parte frontal para su libre uso dentro de la Base y con prohibición de salir de ella, salvo autorización expresa[9].  La circular Nº 38 del 2 de julio de 1930 dispuso que en lo sucesivo, las bicicletas llevasen timbre, y en la noche, un farol de luz blanca permanente.

Salida y entrada a la Base Naval

Durante años, más de cuatro mil obreros y personal subalterno (marinería y suboficiales) usaban las bicicletas para concurrir a la Base y su salida constituía un espectáculo en sí mismo, desbordando la calle Irigoyen. El testimonio del señor Horacio M. Villanueva es significativo:

“El de las bicicletas en nuestra ciudad fue un fenómeno probablemente único en el País. A la salida de los obreros de la Base Naval en los años ’50/’60 en la calle Humberto 1º al 300 se tardaba 15″ para poder cruzar de una vereda a la de enfrente. Un solo taller (Talleres Generales) ocupaba unos 4000 operarios. Era la admiración de todos los visitantes foráneos. Luego esas bicicletas se trocaron en motos y posteriormente en autos”[10].

Salida de obreros del Arsenal Naval de Puerto Belgrano, década de 1950.

Los testimonios de antiguos pobladores de la ciudad son abundantes al respecto y todos ellos coincidentes de esa enorme cantidad de ciclistas que todos juntos se concentraban en los horarios de ingreso y egreso del Arsenal. Por esa época, tal era el desfile de bicicletas hacia o desde la Base que, por ejemplo, según testimonios de la señora Susana Pomponio:

“Estudié en la Técnica de Humberto…y había que apurarse a cruzar antes de las 14 o esperar a que pasaran todas…”[11]

Y la señora Amanda Ofelia Fernández concuerda:

“Salían por la calle Alberdi alrededor de las 2 de la tarde no se podía cruzar la calle, era una caravana”[12].

Sergio Mugione recordaba así lo referido por su papá:

“Mi padre me contaba que cuando era chico vivían en calle Luiggi y en ese entonces a Punta Alta no se le llamaba la ciudad del asfalto todavía, pero calle Ingeniero Luiggi era una de las pocas asfaltadas, y todos los obreros de la base salían por puesto tomaban por calle Colón que en ese entonces se llamaba si no me equivoco el Progreso y luego doblaban en calle Luiggi y veían pasar el pelotón de bicicletas como si fuera una carrera”[13].

Interior del salón de vetas de Casa Ilacqua, donde pueden apreciarse las bicicletas y las motos en primer plano.
(Gran Álbum de Punta Alta, 1941).

El ruido generado por las cientos y cientos de cadenas está también presente en el recuerdo de aquellos que lo oyeron. Como Carlos Tejeda, hijo de un suboficial que era uno de los ciclistas que iba a trabajar a la Base en los años 50:

“No me puedo olvidar todavía del ruido que hacían todas las bicicletas que iban a la Base, de las cadenas. Era un ruido más o menos desde la seis de la mañana hasta las siete, una hora en que se escuchaba desde dos cuadras se oía el ruido de todas las cadenas de bicicleta. Estamos hablando del año ´55, ´56… Yo vivía en 7 de Marzo al 500, entre Brown y Murature, frente a la Sociedad de Fomento Barrio Norte. Yo de ahí salía en bicicleta y me escuchaba el “shhhh shhhh” de las cadenas, porque alguna vez escuchaste de algún viejo que te ha contado que salió en un medio gráfico que fue nombrado en el mundo “la ciudad de las bicicletas.” Y después yo me acuerdo que se escuchaba a dos cuadras.”[14]   

El espectáculo era un atractivo incluso para los más chicos. así lo recuerda, por ejemplo, Jorge Luis Giordano:

“Recuerdos de mi infancia que jamás olvido. Yo vivía en la calle Humberto entre Rivadavia y Mitre, iba todos los días a la esquina de Humberto y Rivadavia a ver pasar la caravana de bicicletas”.

Y en un testimonio coincidente, Ricardo Guillermo Frisco relató:

“Vivía en Paso e Irigoyen e iba a Colón y Alberdi a ver salir a los obreros, entre los que estaba mi Viejo, con su bicicleta que si mal no recuerdo era inglesa, la tuvo durante años, aún jubilado. Nos juntábamos varios mocosos en esa esquina. Recuerdo emocionante.”[15]

Frente de la ” Casa Filócamo ” de Fiambres Frutas y Bebidas , sita en B. de Irigoyen. Se observa la la bicicletas de reparto estacionadas en la vereda, con el cartel de Frutería, 1945. (Foto de Claudio Filócamo)

Por su parte, Américo Lohin dejó escrito también su recuerdo del ingreso a la Base y las normativas a cumplir para circular tanto en la ciudad como en el asentamiento castrense:

“Me cuento entre quienes usaron la bicicleta para ir diariamente a la Base Naval, era más practico que ir en auto o en colectivo (salvo días de lluvia) en los 60 las Bici debían ser patentadas en la Municipalidad (la patente era anual y muchos las iban agregando en los rayos de las ruedas). Para ingresar a la Base Naval debían tener los correspondientes Ojos de Gato e iluminación con Linterna Fija (Venían unas cuadradas que se encastraban en una pieza que la bici traía debajo del manubrio) otras más sofisticadas tenían una Dinamo que giraba por medio de la rueda trasera y alimentaba el farolito frontal.”[16]

En efecto, el número de ciclistas obligó a la Base Naval a ordenar la circulación. El 28 de marzo de 1945, la Orden de Base Nº 37 mandó a ordenar el ingreso y egreso del personal que se desplazaba tanto a pie como en bicicleta, conforme el recorrido que se detallaba:

“Comodoro Py, calle de la Plazoleta del Cuartel, Calle coronel Murature (rodeando el Campo Sarmiento en dirección al Hospital hasta la salida a la calle de la comisaría) salida de la Base a Punta Alta.

Desde Punta Alta el recorrido será inverso.

Para el personal que preste servicios en el vivero el recorrido será: Partiendo de la Capilla Stella Maris, por la calle central del Barrio de los Cabos hasta la avenida Presidente Castillo y por esta hasta alcanzar la Calle coronel Murature a calle Comisaría de la Base.

El regreso será inverso”.

Interior de la fábrica de bicicletas de Domingo Gasparini. En ella aparecen los obreros-productores Gasparini, Calletti, Besozzi y Prandi. (El Regional, 9 de marzo de 1948)

Una fábrica puntaltense de bicicletas.

Las marcas de bicicletas de ese entonces y que los puntaltenses todavía recuerdan son Raleigh (inglesa) y Torpado (italiana). También Phillips, Empire, Mayar, Alba, Tovrin… Sin embargo, en la década del 40 llegó a fabricarse bicicletas en la ciudad. Un obrero de la Base Naval, Domingo Gasparini, que tenía un taller de niquelado y fábrica de rodados en Humberto I 572, decidió hacia 1948, incorporar a su negocio la fabricación de rodados. Trabajaban con él Juan Francisco Calletti, Pedro Besozzi y Silvio Prandi, ex operarios de la fábrica italiana “Savoia Marchetti” de Sesto Calendi (provincia de Varese) y que llegaron al país para trabajar en los talleres de aviación de la Base. En sus horas libres, concurría al taller que, pese a carecer de capital suficiente y maquinarias, producía a razón de cuatro bicicletas por semana, todas confeccionadas a mano. En el taller de Gasparini se fabricaban “bicicletas de paseo, de señora, de niño, de media carrera y especial de carrera, las que entregarán completamente equipadas, con guardacadena, equipo eléctrico, cambio de velocidades, etc. todas niqueladas como cromo níquel, lo que les da una admirable presentación y eliminan a la vez los inconvenientes de la pintura y el oxidado”[17].

Obreros en bicicleta desfilando ante el palco presidencial en el acto del cincuentenario de la Base Naval Puerto Belgrano. Puede observarse en primer plano la famosa bicicleta modificada para dos ciclistas en paralelo.
(El Regional, 2 de diciembre de 1946)

Desfile de bicicletas en el cincuentenario de la Base.

Uno de los acontecimientos más recordados fue el gran desfile de ciclistas que tuvo lugar en la Base Naval con motivo de celebrarse su cincuentenario y que contó con la visita del presidente Juan D. Perón. De este hecho hay numerosos testimonios y registros gráficos. Los actos estuvieron programados para el 30 de noviembre de 1946. Los ministros y demás miembros de la comitiva presidencial llegaron vía aérea a Comandante Espora a las 8 de la mañana y a las 9.00 se trasladaron a estación Grünbein donde aguardaron al arribo del tren presidencial, que llegó sobre las 9.35. Desde allí, la caravana compuesta por vehículos oficiales se trasladó por tierra hasta la Base Naval, donde se siguieron actos protocolares: Te Deum, revista de tropas, discursos, etc.

Pero especial significación alcanzó el desfile de efectivos navales y personal de obreros del Arsenal.  El palco oficial estuvo ubicado frente al Hotel de Oficiales, ocupado por el General Perón, el Ministro de Marina, Fidel Anadón, el Comandante de la Escuadra de Mar, el Jefe de Base y demás autoridades. Frente al palco, formados sobre la acera, se encontraban abanderados y representantes de diferentes asociaciones de Punta Alta: Tiro Federal, Asociación Española, la Fraternidad, Unión Ferroviaria, ATE, Sociedad Argentina, Club Rosario Puerto Belgrano, Sociedad Italiana y un núcleo de enfermeras del Hospital Naval. Además, como la Armada tomó la determinación de abrir las puertas de la Base al público en general, numerosa concurrencia se dio cita en la jornada[18].

El desfile, programado entre las 10.45 y las 11,45, incluyó a los trabajadores civiles del asentamiento naval. Lo particularmente interesante es que lo hicieron montados en sus bicicletas, que para aquel entonces se habían transformado en símbolos de la Punta Alta obrera. Según una nota aparecida en el diario El Regional:

“Merece destacarse especialmente el desfile de los obreros que trabajan en la Base Naval, quienes quisieron adherir a la celebración (…) se calcula que participaron más de mil ciclistas, los obreros pasaron vivando el nombre del General y agitando banderas con los colores nacionales”[19].

Conclusión.

Durante la segunda mitad del siglo XX, lentamente, empezaron a verse cada vez menos bicicletas entrando o saliendo de la Base Naval. Las mejoras en los ingresos de los obreros que comenzaron durante el peronismo y continuaron -si bien con altibajos-en las décadas subsiguientes estimularon que estos sectores, antes postergados, tuviesen aspiraciones concretas de ascenso social. Uno de los símbolos asociados con el progreso de las condiciones de vida (junto a la casa propia, las vacaciones en algún centro turístico o la educación de nivel secundario o superior de los hijos), lo constituyó el automóvil.

 La instalación de fábricas de automotores en Argentina a partir de finales de la década de los 50, provocó una baja considerable en los costos de adquisición de los vehículos[20]. Por otra parte, y en concordancia con lo que sucedía en el resto del mundo, las grandes marcas comenzaron a fabricar modelos económicos (Citroën 2 y 3 CV, Fiat 600) destinados al gran público.

Todos estos factores confluyeron para que el uso de la bicicleta como transporte se viese cada vez más relegada a medida que el parque automotor puntaltense crecía al extremo de ser hoy Punta Alta una de las ciudades con más autos por habitantes del país.

En los últimos años, la defensa de la ecología, la incorporación de hábitos saludables y la pandemia que estamos viviendo, estimularon el uso de la bicicleta en las grandes ciudades del mundo. Punta Alta no es la excepción; pese a la falta de facilidades para el tránsito en esos vehículos, de a poco experimenta un retorno de la bicicleta a sus calles. Sin embargo, lejos se está de los días en que un enjambre de miles ciclistas cubría las calles aledañas a la Base Naval en las primeras horas de la mañana o de la tarde y que hicieron por muchas décadas a Punta Alta “la ciudad de las bicicletas”.

Por Lic. Gustavo Chalier.

Fuentes

  • Álbum de Punta Alta, 1816-9 de julio-1919, Punta Alta, Talleres Gráficos Nueva Época, 1919.
  • Bopp, Melissa; Sims, Dangaia y Piatkowski, Daniel: “The Bicycle: A Technological and Social History”, en Bicycling for Transportation, Elsevier, 2018.
  • El Regional, 1946-1948.
  • Fitzsimons, Alejandro y Guevara, Sebastián: “La industria automotriz argentina y sus fuentes de ganancia: un análisis de largo plazo (1960-2013)”, en América Latina en la historia económica, vol.25 no.1,ene./abr. 2018.
  • Gran Álbum de Punta Alta, 1898-1941, Bahía Blanca, Ed. Sureña, 1941.
  • Guía Comercial de Bahía Blanca y zona tributaria. Bahía Blanca, Centro de publicidad Colósimo, 1910.
  • La Nueva Provincia, 1946.
  • Órdenes del Día. Arsenal Puerto Militar, 1918, Sección Documentación Histórica Base Naval Puerto Belgrano.
  • Órdenes del Día. Puerto Militar, 1922, Sección Documentación Histórica Base Naval Puerto Belgrano.
  • Órdenes del día.  Base Naval Puerto Belgrano,1923-1948, Sección Documentación Histórica Base Naval Puerto Belgrano.
  • Punta Alta, ayer y hoy. Álbum-revista editado con motivo del 33° aniversario de Punta Alta, 1931.
  • Entrevista a Carlos Tejeda, Entrevista 398 Archivo Oral – Archivo Histórico Municipal de Punta Alta.
  • Grupo Fotos Antiguas  Punta Alta y la Zona https://www.facebook.com/groups/252528632556797

Citas:

[1] Melissa Bopp, Dangaia Sims y Daniel Piatkowski: “The Bicycle: A Technological and Social History”, en Bicycling for Transportation, Elsevier, 2018.

[2] Guía Comercial de Bahía Blanca y zona tributaria. Bahía Blanca, Centro de publicidad Colósimo, 1910.

[3] Álbum de Punta Alta, 1816-9 de julio-1919, Punta Alta, Talleres Gráficos Nueva Época, 1919,

[4] Gran Álbum de Punta Alta 1898-1941, Bahía Blanca, Ed. Sureña, 1941

[5] Gran Álbum de Punta Alta, 1898-1941, Bahía Blanca, Ed. Sureña, 1941.

[6] Punta Alta, ayer y hoy. Álbum-revista editado con motivo del 33° aniversario de Punta Alta,1931

[7] Carlos Tejeda, Entrevista 398 Archivo Oral – Archivo Histórico Municipal

[8] Arsenal Puerto Militar. Orden del día N° 112, 21 de agosto de 1918

[9] Base Naval Puerto Belgrano, Orden del día N° 166, 29 de noviembre de 1928.

[10] Comentario a la publicación de Facebook del Archivo Histórico Municipal, 19 de abril de 2012.

[11] Comentario a la publicación de Facebook del Archivo Histórico Municipal, 19 de abril de 2020.

[12] Comentario a la publicación del grupo de Facebook Fotos Antiguas de Punta Alta y la Zona,del Archivo Histórico Municipal, 26 de mayo de 2021.

[13] Comentario a la publicación de Facebook del Archivo Histórico Municipal, 19 de abril de 2012.

[14] Carlos Tejeda, Entrevista 398 Archivo Oral – Archivo Histórico Municipal.

[15] Ambos testimonios, en comentarios a la publicación de Facebook del Archivo Histórico Municipal, 19 de abril de 2020.

[16] Comentarios a la publicación de Facebook del Archivo Histórico Municipal, 19 de abril de 2018.

[17] El Regional, 9 de marzo de 1948, p. 3.

[18] La Nueva Provincia, 1° de diciembre de 1946.

[19] El Regional, 2 de diciembre de 1946, p. 6.

[20] Alejandro Fitzsimons y Sebastián Guevara: “ La industria automotriz argentina y sus fuentes de ganancia: un análisis de largo plazo (1960-2013)”, en América Latina en la historia económica, vol.25 no.1 ,ene./abr. 2018.

Punta Alta, “La ciudad de las Bicicletas”.

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