Se sabe que el Himno a Punta Alta es de la autoría del padre Luis Carlos Montero[1] en cuanto a su letra y del profesor Rubén Lasdica[2] es lo referente a su música. Pero se conoce poco acerca de las circunstancias que rodearon a su creación (que letra y música se compusieron por separado con una distancia de cuatro años, por ejemplo) o del contenido de su letra, que cristaliza y perpetúa una visión particular de la historia puntaltense.

Los orígenes de la ciudad.

Dado que el himno habla sobre todo de la fundación de Punta Alta y de la Base Naval, es necesario resumir brevemente algunos hechos del pasado local reflejados en la poesía del padre Montero.

En la región conocida como Punta Alta, contra lo que se cree, no todo empezó con la construcción de Puerto Militar. Este es un nombre de vieja data: así se conocía al paraje desde principios del siglo XIX, a raíz de un accidente geográfico evidente desde la costa: una lengua de tierra (“punta”) que era “alta” por la presencia de un gran médano sobre una barranca de piedra. En este sector de la costa se desarrollaron una serie de actividades económicas propias de un medio rural a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Tenía lugar la cría de vacunos y ovinos en “suerte de estancias” otorgadas por el gobierno nacional; recolección de leña de piquillín, e inclusive, un ensayo de criadero de ostras y una enlatadora de pescado en Arroyo Pareja hacia 1890. Las personas que trabajaban en el campo se surtían en negocios establecidos, como la pulpería de Leyba (ubicada en lo que hoy es el casco histórico de la ciudad) o la panadería de Zanotti (que también suministraba panificados a los barcos civiles o militares que, desde o hacia Bahía Blanca, recalaban en Arroyo Pareja para carenado o aprovisionamiento). Esto contradice la visión tradicional de una costa desierta previamente a la construcción de la actual Base Naval: no había núcleos urbanos, pero de ninguna manera se trataba de un “desierto”, ni en lo demográfico ni en lo económico.

El norte de la Patagonia y la llanura pampeana estuvieron habitados desde hace 11000 años por diferentes grupos de cazadores recolectores descendientes de los pueblos que atravesaron Bering tres o cuatro milenios antes[3].  Los españoles que llegaron a la región, entre los siglos XVI y XVII, encontraron diseminadas varias parcialidades diferentes de indígenas, que componían un vasto mosaico cultural[4]. En la zona próxima a la bahía Blanca, en el siglo XIX habitó la parcialidad de los Ancalao, considerados “indios amigos” de la Fortaleza Protectora Argentina. Es decir, habían aceptado establecerse en forma permanente dentro de la línea de frontera, auxiliando militarmente a las guarniciones blancas. Para algunas parcialidades, el establecer una relación pacífica con los blancos era una forma de asegurarse contra los ataques otros grupos belicosos como los mapuches y garantizar intercambios comerciales de bienes. De esta manera los “indios amigos” contribuyeron tanto en la defensa del fuerte, como en las acciones punitivas. Su lonco o cacique fue el célebre Francisco Ancalao. Hacia 1860, los Ancalao, ya bajo el cacicazgo del hijo de Francisco, Rafael, tomaron posesión de 5000 hectáreas de tierras fiscales otorgadas por la provincia de Buenos Aires en recompensa por los servicios prestados, en lo que es hoy Ciudad Atlántida y Arroyo Pareja[5]. Se sabe que Ancalao llegó a ser un rico productor, con peones a su servicio y varios miles de cabezas de ganado. Otra parcialidad, la de los Linares, originarios de Carmen de Patagones, se asentaron en las tierras que luego ocuparon las Baterías de Costa. Vivían de los productos que les proporcionaban sus majadas de ovejas, que luego vendían o canjeaban en Bahía Blanca y a los “mercachifles” que se acercaban. Allí permanecieron hasta que comenzaron las obras del Puerto Militar, cuando fueron desalojados sin reparos[6].

Este panorama llegó a su fin cuando el gobierno dispuso, a fines de 1896, la creación de un Puerto Militar. El sitio elegido era el que, unos años antes, había establecido el capitán Félix Dufourq en base a profundos estudios hidrográficos y estratégicos. El ingeniero que realizó el proyecto y dirigió el gigantesco conjunto de obras fue Luigi Luiggi, italiano que había tenido una activa participación en construcciones similares de Europa.

Punta Alta a principios del siglo XX. A la derecha, se ve parte de instalaciones ferrviarias correspondientes al Ferrocarril Sud (Estaciòn Punta Alta). En el fondo, las primeras casas sobre Progreso y Transvaal.

A raíz de los trabajos, que se iniciaron a principios de 1897 se radicaron en la zona un gran número de obreros que se afincaron en proximidades a Arroyo Pareja (a unos tres kilómetros del centro del actual casco urbano) y al muelle allí construido para el abastecimiento de los obrajes. Recién con la llegada del Ferrocarril Sud en septiembre de 1898 como parte de la línea que nacía en Grünbein, y terminaba (con el nombre de Ferrocarril Estratégico) en las Baterías de defensa costera, el grueso de los obreros se trasladó al actual emplazamiento de la ciudad. La estación de trenes actuó como una especie de imán que atrajo a todos los obreros a edificar sus viviendas en las cercanías. Y como tantas otras localidades argentinas que tuvieron más o menos el mismo origen, el pueblo que, espontáneamente surgió a la vera de las vías, tomó el nombre de la estación ferroviaria, que a su vez lo tomó del paraje donde estaba edificada: Punta Alta.

Las primeras casillas que se construyeron próximas a las vías y a la estación dieron origen a un centro urbano que creció velozmente: de los 790 habitantes contabilizados en 1901 se pasó a 7500 en 1906 y a casi diez mil en 1914. Evidentemente no fueron todos obreros ni marinos estos habitantes que se precipitaron sobre Punta Alta. Muchos eran extranjeros que se establecieron en la zona pues su futuro se antojaba promisorio. Las inversiones privadas eran de tal importancia que equiparaban al capital estatal colocado en la Base Naval: la compañía británica Ferrocarril Sud unía a Punta Alta con su vasta red desde fines de 1898; el Ferrocarril Rosario Puerto Belgrano, de capital francés, la unía con el puerto santafesino desde 1910 y, a partir de 1922, extendió un ramal hacia Bahía Blanca. Finalmente, estaba el Puerto Comercial sito en Arroyo Pareja, también de capitales galos que, si bien lejos de cumplir el proyecto original de constituirse en el puerto cerealero más grande de América del Sur, contaba en la década de 1920 con una gran actividad.

Como puede apreciarse, el origen de la ciudad obedeció a múltiples factores conjugados: la decisión política de establecer una Base Naval, pero también los ferrocarriles y el puerto comercial, que otorgaban a la flamante población un crecimiento y dinamismo envidiables. Sin embargo, todo este complejo proceso no se evidencia en la letra del himno, que ahora es el momento de analizar.

¿Qué historia cuenta el himno?

El himno a Punta Alta cuenta una historia, pero no pretende ser historia. Es decir, es ante todo, como todas las de su tipo, una composición poética que está destinada a ensalzar al objeto de su canto y revestirlo con palabras que remitan a su gloria pasada, presente y futura[7].

Más allá de los recursos estilísticos comunes a todos estos tipos de obras, la letra de este himno coloca a la Base Naval en el centro del relato, obviando otros actores que, según se ha visto, fueron igualmente importantes para el crecimiento de la población.

Hablando del Himno Nacional Argentino, Esteban Buch ha dicho: “La historiografía de la organización nacional describiría las circunstancias de la creación del himno, es decir hará el relato de los orígenes del relato de origen”[8] En Punta Alta sucede todo lo contrario a lo que escribió Buch, puesto que primero se prefigura el relato de origen. Tal como aparece, para mediados de los años ’30 del siglo pasado se halla cristalizado en sus líneas fundamentales. El origen de Punta Alta se mezcla y confunde con el origen de la Base Naval Puerto Belgrano.

Primera publicación de la letra del Hino por la Comisión de Cultura Cincuentenario.

El 2 de Julio: Punta Alta y el Puerto Militar

La fecha fundacional de Punta Alta (celebrada el 2 de julio, día de 1898 en que se clavó el primer pilote en el cofferdam del Puerto Militar) es una determinación arbitraria ocurrida en 1928. A instancias de la Sociedad de Fomento local y como reflejo al festejo del Centenario bahiense, una asamblea popular se abocó a establecer una fecha en la que celebrar la fundación del poblado, cuyo nacimiento espontáneo lo privó de un acta o de una intención de fundación. Y quien impuso su visión de la historia, fue José Pedro Varela, concejal conservador y martillero público, supo labrarse fortuna y posición social. Su llegada a Punta Alta en 1897 para tender la línea telegráfica desde Buenos Aires con motivo de la construcción de la Base Naval lo convirtió en testigo del nacimiento de la trama urbana. Convocado cada vez que era necesario echar una mirada al pasado local, desde tiempo atrás los diferentes artículos de su autoría trazaban la línea directriz de lo que posteriormente se convertiría en el relato oficial de los orígenes puntaltenses: el desierto primigenio; luego, la naturaleza se doma, la Base Naval y su gesta civilizadora hacen su aparición y su fruto es Punta Alta.

Esta narrativa histórica cancela otros discursos posibles: el de los obreros, el de los indígenas que estaban asentados aquí y hasta el vinculado a las inversiones extranjeras, notorias en las áreas portuaria, comercial y ferroviaria. Éstos representan otros tantos posibles relatos que fueron, en su momento, silenciados o minimizados para privilegiar el de una parte de la sociedad ligada a la Armada[9].  Sobre este esquema histórico establecido se escribió la letra del himno. Letra que reproduce, legitima y reafirma las líneas directrices hasta aquí esbozadas y que ya para fines de los años 40  era asumida como tal por el conjunto de la sociedad[10].

Comisión del Cincuentenario de Punta Alta, 1948.

Surge el Himno

Concretada la autonomía de Punta Alta de Bahía Blanca y la consecuente creación del nuevo partido de Coronel Rosales, el 12 de mayo de 1945, una colección de símbolos identitarios hizo su aparición con el sentido de otorgar una (nueva) identidad política a los habitantes del flamante distrito. Esta operación incluyó el escudo comunal y el gentilicio “rosaleño”, curioso neologismo que se abrió paso casi de inmediato[11].

En 1948, y con motivo de celebrarse el medio siglo de la población, surgió la idea de realizar un concurso para elegir la letra de la canción distrital. La comisión de festejos del cincuentenario de la ciudad, formada en 1948 y presidida por Antonio Cartolano organizó, entre diversas actividades, un concurso para la creación de un himno. Composiciones locales, de Buenos Aires, Bahía Blanca y Tres Arroyos fueron presentadas en el certamen. Finalmente, el jurado integrado por especialistas de La Plata dio como ganador a la composición presentada por un sacerdote, el cura párroco Luis Montero, de breve estadía en Punta Alta. El presbítero presentó una composición el 28 de marzo de 1948 denominada “Letra canción de base para el concurso de Himno o Marcha dedicado a Punta Alta”, publicado por la Comisión de Cultura del Cincuentenario y editado por la imprenta Cecchini & Cía.  La composición tenía dos partes: una recitada con cinco cuartetas[12] y otra cantada, con cuatro cuartetas, decasílabas en ambos casos[13].

Parte cantada

A Punta Alta cantemos un himno

En honor del trabajo y la paz

¡Viva, viva! ¡Punta Alta!, gritemos

al compás de las ondas del mar.

Era el Indio el señor del desierto

En las dunas y las Pampas del sur,

Cuando tu te elevaste en la costa

Entre rizos de arena y azul.

La unión es tu fuerza y bandera

El progreso es tu norte y tu fin

El trabajo es tu pan y tu vida,

Que hoy tu nombre remonta el cenit.

Las sirenas martillos y yunques

De la Base y Escuadra de Mar.

Hoy tu nombre a porfía repiten

Y proclaman tu Gloria sin par.

¡Puntaltenses! Marchemos unidos,

en procura de un noble ideal.

¡Rosaleños! Cantemos un himno a Punta Alta y la Base Naval!

Parte recitada

A Punta Alta cantemos un himno

En honor del trabajo y la paz

¡Viva, viva! ¡Punta Alta!, gritemos,

al compás de las ondas del mar.

Cuando el mago Ingeniero Luiggi

Una Base Naval ideó,

Cual su hermana gemela naciste;

Bendecida del dedo de Dios.

Era Arroyo Pareja tu puerto,

Avanzada en los mares del sur,

Que nación bajo el signo sagrado

De una noche clavada en la cruz.

Tu Punta Alta, naciste a la vida,

Cual sirena que surge del mar;

Y es “Rosales” tu nombre de pila.

Al llegar a mayor en edad.

¡Puntaltenses! Marchemos unidos,

en procura de un noble ideal.

¡Rosaleños! Cantemos un himno

a Punta Alta y la Base Naval!

Audio Himno a Punta Alta.

Pese a haber vivido aproximadamente un lustro en la ciudad (desde 1942 a 1947) la letra de la canción del padre Montero está totalmente imbuida del espíritu del relato histórico hegemónico y simplificador del pasado. En efecto, el poema insiste en el hecho de ser Punta Alta ciudad costera, nacida como una suerte de apéndice de la Base Naval, que con impulso civilizador, domó el arenal y la pampa donde “era el indio el señor del desierto”. Poco quedaba, en realidad, de aborígenes dominando la desolada llanura: “Conquista al Desierto” mediante (ocurrida veinte años antes del establecimiento de la Base) y dos generaciones al menos de estrechos contactos con la Fortaleza Protectora Argentina (actual ciudad de Bahía Blanca), convirtieron a los afamados caciques en estancieros, con un número considerable de hacienda y tierras otorgadas por el gobierno. Tierras estas de las que fueron desalojados sin miramientos apenas se dispuso la creación del destacamento militar. En cuanto al pasado ferroviario de la localidad, no hay ni una mención. Solamente en el recitado se hace referencia al Puerto de Arroyo Pareja (hoy Puerto Rosales), mencionado en tiempo pasado, pues en ese entonces había pasado a jurisdicción naval y desactivado para funciones comerciales. Pero en la práctica, ni siquiera eso, puesto que, cuando se ejecuta el himno, se omite las estrofas recitadas y prácticamente nadie en la ciudad las conoce o saben que existen.

Pese a que la letra es de 1948, hubo que esperar hasta 1952 para que un compositor puntaltense, Rubén Lasdica, le ponga música y lo haga cantable. Cartolano estaba interesado en que el poema fuera musicalizado y convocó al joven pianista Rubén Lasdica, de  18 años de edad. Como recordó el compositor tiempo después:

“Recuerdo que Cartolano me dijo que deseaba que un puntaltense compusiera la música. Para ese tiempo yo solo había realizado algunas cositas y me sentí en un aprieto. Pero sin embargo me animé… Fue muy difícil realizarlo. Es diferente tener una música a la que debe agregársele una letra que a la inversa: había un contenido de sílabas que tenía que coincidir con la melodía. Entonces tuve que inspirarme en lo ya escrito. Quería una melodía simple, pero con fuerza, para que pueda ser interpretada con facilidad”[14].

Sin embargo, la composición musical tardó en declararse oficial, por lo que Lasdica tuvo que esperar para ejecutarla por primera vez en público. La pieza se tocó por primera vez en un evento organizado por la cooperadora de Policía de Punta Alta, en el Teatro Colón, el 15 de noviembre de 1955. En la oportunidad, Lasdica, fue acompañado en guitarra por un concertista de apellido Arriaga y sus alumnos del Conservatorio de Música.[15]

El autor de la letra del Himno a Punta Alta, monseñor Luis Montero y el profesor Rubén Lasdica, compositor de la música.

Unos años después, el 2 de julio de 1961, un grupo de alumnos de la Escuela Nº 2 lo cantaron en el acto conmemorativo de la fecha.

Finalmente, después de múltiples gestiones llevadas a cabo por el músico, por  Ordenanza Nº 655 del 4 de junio de 1965,  la composición fue oficializada[16]. Su primera ejecución como himno oficial de la ciudad fue en el acto de homenaje al 67º aniversario de Punta Alta realizado en la Escuela Nº 2, el día 3 de Julio de 1965. En la oportunidad, fue cantado por Atilio Dapsich, recitado por Antonio Bermejo y el mismo profesor Lasdica al piano.

El derrotero posterior del himno cuenta con los siguientes hitos:

En 1965, el director de la banda de la Base Naval, Oscar Porro, le hizo los arreglos correspondientes para ser ejecutado por una banda de música y se ejecutó por primera vez de ese modo en 1970.

La primera grabación se realizó en 1987, con la instrumentación de la mencionada banda de música y la voz del barítono Oscar Grassi, del Teatro Colón de Buenos Aires.

Desde 1988, una ordenanza establece que el Himno a Punta Alta debe ejecutarse en todos los actos oficiales del municipio[17]. Lo dispuesto por dicha ordenanza se terminó de hacer masivo y calar en la población con motivo del Centenario de la ciudad, en 1998 y desde entonces el himno a Punta Alta suena en todos los actos escolares e institucionales de Coronel Rosales.

Palabras finales

El himno a Punta Alta, como todos los de su tipo y más allá de ser una obra artística, cumple una función fuertemente identitaria en una comunidad que los necesitaba para cohesionarse socialmente: formada por un contingente de inmigrantes europeos de distinta procedencia y por argentinos de diferentes provincias, la composición heterogénea de la población puntaltense de entonces precisaba identificarse con un pasado común y que fuera fácilmente reconocible por todos. La composición supo responder a esos intereses, al narrar una historia simple que podía integrar al grueso de los vecinos puntaltenses. La necesaria simplificación de la relación de los hechos históricos, junto a la exigencia de narrarlos como epopeya, hacen que aparezcan elementos presentes en el texto (el mar, la arena de los médanos, la Base Naval y su Arsenal) que dan cuenta de una construcción de la identidad fuertemente ligada al asentamiento de la Armada y a la actividad portuaria para la defensa.

Por Lic. Gustavo Chalier.

Fuentes

  • Buch, Esteban, ¡O juremos con gloria morir! Historia de una épica de Estado, Buenos Aires, Sudamericana, 1994.
  • Cataruzza, Alejandro, Los usos del pasado. La historia y la política argentinas en discusión, 1910-1945, Buenos Aires, Sudamericana, 2007.
  • Chalier, Gustavo, “Historia, poder e identidad. En torno de la fecha fundacional de Punta Alta”, en Cuadernos del Sur, Historia, Bahía Blanca, Departamento de Humanidades/Universidad Nacional del Sur, N° 34, 2010.
  • De Jong, Ingrid: “Entre el malón, el comercio y la diplomacia: dinámicas de la política indígena en las fronteras pampeanas (siglos XVIII y XIX). Un balance historiográfico”, en Revista Tiempo Histórico, año 6,  Nº 11, septiembre de 2015
  • Flegenheimer, Nora; Bayón, Cristina y Pupio, Alejandra: Llegar a un nuevo mundo. La arqueología de los primeros pobladores del actual territorio argentino, Buenos Aires, Antropofagia, 2007.
  • “El Himno a Punta Alta y su verdadera historia”, en La Nueva Provincia, 2 de julio de 2007.
  • Loupac, Annic, Virgile, Auguste et Apollon. Mythes et politique à Rome. L’Arc et la Lyre, Paris, L’Harmattan, 1999.
  • Martinelli, María Laura: “Construcción estatal e “indios amigos”: el acceso a la tierra de la tribu de Ancalao en el enclave fronterizo de Bahía Blanca”, en Memoria Americana. Cuadernos de Etnohistoria,  Nº 25, 2017.
  • “Mi obra cumbre. Himno a Punta Alta”, Artículo periodístico sin referencias. Original en AHM Donación Rubén Lasdica, Nº 3266.
  • Palermo, Miguel Ángel: “A través de la frontera. Economía y sociedad indígenas desde el tiempo colonial hasta el siglo XIX”, en Nueva Historia Argentina. Tomo I. Los pueblos originarios y la Conquista, Buenos Aires, Sudamericana, 2000.

Citas

[1] Nació el 17 de septiembre de 1916 en La Coruña (España). Ordenado sacerdote en 1942, fue designado Cura Teniente en Punta Alta hasta 1947. Fue el primer rector del Seminario La Asunción de Bahía Blanca y se desempeñó durante más de 30 años como párroco de Coronel Suárez y Saavedra. Falleció en noviembre de 2014.

[2] Nació en Punta Alta el 1º de enero de 1934. Comenzó sus estudios musicales en Bahía Blanca y los prosiguió en Buenos Aires. Se desempeñó como docente muchos años y compuso varias obras musicales. Falleció en Punta Alta el 28 de noviembre de 2016.

[3] Cf. Flegenheimer, Nora; Bayón, Cristina y Pupio, Alejandra: Llegar a un nuevo mundo. La arqueología de los primeros pobladores del actual territorio argentino, Buenos Aires, Antropofagia, 2007, pp. 28 y ss.

[4] Cf. Palermo, Miguel Ángel: “A través de la frontera. Economía y sociedad indígenas desde el tiempo colonial hasta el siglo XIX”, en Nueva Historia Argentina. Tomo I. Los pueblos originarios y la Conquista, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, p. 376 y De Jong, Ingrid: “Entre el malón, el comercio y la diplomacia: dinámicas de la política indígena en las fronteras pampeanas (siglos XVIII y XIX). Un balance historiográfico”, en Revista Tiempo Histórico, año 6,  Nº 11, septiembre de 2015, p. 21

[5] Cf. Martinelli, María Laura: “Construcción estatal e “indios amigos”: el acceso a la tierra de la tribu de Ancalao en el enclave fronterizo de Bahía Blanca”, en Memoria Americana. Cuadernos de Etnohistoria,  Nº 25, 2017, pp 97-114

[6] En 1910, Rafael Ancalao fue comunicado que debía desocupar las tierras porque el Gobierno de la Provincia las había vendido a Miguel Raggio Carneiro, en virtud de la caducidad de la concesión. En mayo de 1912 comenzó el éxodo de los aborígenes, con sus familias, ganados e implementos de trabajo, rumbo a la provincia de Río Negro, en donde el cacique tenía un sobrino, Simeón Ancalao.

[7]Cataruzza, Alejandro, Los usos del pasado. La historia y la política argentinas en discusión, 1910-1945, Buenos Aires, Sudamericana, 2007.

[8]Buch, Esteban, ¡O juremos con gloria morir! Historia de una épica de Estado, Buenos Aires, Sudamericana, 1994, p.:84).

[9] Chalier Gustavo, “Historia, poder e identidad. En torno de la fecha fundacional de Punta Alta”, en Cuadernos del Sur, Historia, Bahía Blanca, Departamento de Humanidades/Universidad Nacional del Sur, N° 34, 2010.

[10] Los vínculos existentes entre expresión literaria y poder político, son antiquísimos. Parece ser que siempre los estados vieron en la poesía laudatoria un elemento legitimador de sus funciones, además de un vehículo de propaganda. Ver: Loupac, Annic, Virgile, Auguste et Apollon. Mythes et politique à Rome. L’Arc et la Lyre, Paris, L’Harmattan, 1999.

[11] Es curioso consignar que, generalmente, en los partidos de la provincia cuyo nombre es distinto al de la ciudad cabecera, no existe un gentilicio que congregue a todos sus habitantes. Ningún nativo de General Pueyrredón, por ejemplo, se autodemomina “pueyrredonense”, por ejemplo. El caso de “rosaleño” es un hallazgo particular que merece su estudio, por su temprana y general adopción.

[12] Una de ellas era provisoria, pues hacía referencia específica al cincuentenario de la ciudad.

[13] “El Himno a Punta Alta y su verdadera historia”, en La Nueva Provincia, 2 de julio de 2007.

[14] “Mi obra cumbre. Himno a Punta Alta”, Artículo periodístico sin referencias. Original en AHM Donación Rubén Lasdica, Nº 3266

[15] “El Himno a Punta Alta y su verdadera historia”, en La Nueva Provincia, 2 de julio de 2007.

[16] El Himno fue oficializado dos veces: una en 1965 y otra en 1988, por Decreto Nº 255/88  (la posterior  Ordenanza Nº 1.859/88 se hizo para subsanar la omisión del nombre del autor de la letra ).

[17] “Mi obra cumbre. Himno a Punta Alta”, Artículo periodístico sin referencias. Original en AHM Donación Rubén Lasdica, Nº 3266

El Himno a Punta Alta: música y poesía para la memoria.

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