
Puerto Rosales.
La infraestructura petrolera de Puerto Rosales experimentó durante el período 1960-1973 una transformación que la convirtió en uno de los nodos logísticos más importantes del sistema energético argentino. Esta evolución se desarrolló en el contexto de los profundos cambios políticos y económicos que experimentaba el país tras la caída del peronismo y la implementación de nuevas políticas energéticas. Constituye uno de los hitos más significativos en la configuración del sistema energético argentino durante las décadas del desarrollismo y el retorno peronista. Originalmente concebido como puerto cerealero por la Compañía del Puerto Comercial de Bahía Blanca en 1912, este enclave portuario experimentó una profunda reconversión que lo convertiría en pieza clave de la infraestructura hidrocarburífera nacional. La historia previa de Puerto Rosales se remonta a la concesión otorgada al ingeniero francés Abel Julien Pagnard mediante la Ley N° 5574 de septiembre de 1908, que contemplaba la construcción de 5.000 metros de muelles y modernas instalaciones para el manejo de cereales en la desembocadura del Arroyo Pareja. El puerto, llamado popularmente Arroyo Pareja, comenzó a construirse en 1912; sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 paralizó las obras, dejando apenas 300 metros de muelle habilitados en 1919. Durante las décadas de 1920 y 1930, el puerto tuvo un importante movimiento cerealero como alternativa al colapsado puerto de Ingeniero White. No obstante, desde mediados de la década de 1940 ingresó en una etapa de declive que coincidió con su nacionalización. En efecto, durante la presidencia de Juan Domingo Perón y el proceso de nacionalización iniciado en 1947, el puerto cambió su nombre a Puerto Rosales y pasó a la administración estatal, inicialmente a la Armada Nacional, que desmanteló varias infraestructuras consideradas obsoletas.
La reconversión petrolera iniciada en la década de 1960 transformaría radicalmente el destino de esta instalación portuaria, insertándola como eslabón fundamental en la cadena de transporte y comercialización de hidrocarburos que conectaba la Cuenca Neuquina con los mercados domésticos e internacionales. Esta transformación no fue casual, sino resultado de las políticas energéticas desarrollistas que buscaban el autoabastecimiento hidrocarburífero y el fortalecimiento de YPF como empresa estatal.
La Cuenca Neuquina y los puertos de la bahía Blanca.
La vinculación entre los pozos petrolíferos de Neuquén y la bahía Blanca comenzó casi medio siglo antes. Cuando la exploración y explotación hidrocarburífera en la Argentina daba sus primeros pasos, se puso en marcha con la explotación del llamado Pozo Nº 1 en 1918, y que dio origen a Plaza Huincul[1]. En 1921 se construyó la estación del Ferrocarril del Sud que posibilitó el despacho de petróleo para el resto del país , fundamentalmente hasta Puerto Galván, en cuyas proximidades se levantaba la refinería La Isaura (fundada en 1926 por el médico bahiense Pedro Eliçabe) en Loma Paraguaya[2] y donde la ESSO construyó su destilería en 1928.[3] Esas y otras instalaciones de la Shell y de YPF hicieron que, Puerto Galván se convirtiera en el principal puerto petrolero bonaerense durante las décadas de 1920 hasta 1950[4].
Los pozos de Plaza Hiuncul daban señales de agotamiento cuando, el 20 de diciembre de 1941 se descubrió petróleo en el paraje de Challacó, unos 20 km al oeste. YPF no solamente pudo continuar con la producción de hidrocarburos en el área neuquina sino también intensificar la exploración[5]. De este modo, diez años después, para 1951, en Challacó había 117 pozos en explotación, con 2,3 millones de metros cúbicos extraídos[6].
Estos hallazgos deben contextualizarse en el marco de la Argentina de posguerra. En los años inmediatamente posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, Argentina incrementó sensiblemente la exploración y producción de petróleo, bajo el monopolio de YPF fijado por el gobierno peronista y en un marco donde las empresas extranjeras podían participar en virtud de acuerdos y contratos previos y que aún seguían vigentes[7].
En una nota firmada por el ingeniero argentino Bernardo Rikles, y aparecida en la revista estadounidense World Petroleum, se destaca el incremento de la capacidad de explotación y procesamiento petrolífero en virtud de crecimiento operado en Argentina en cuanto a producción industrial y parque automotor, pero que aún era cubierto en buena parte por importaciones[8]. La paradójica riqueza de hidrocarburos del subsuelo argentino pero la creciente dependencia del combustible extranjero para abastecer el mercado interno cada vez más demandante, se evidenció como problema a partir de la década de 1950. Por ello el gobierno peronista puso su ojo en las posibilidades de la lejana cuenca neuquina y las posibilidades de atraer su riqueza hidrocarburífera a las regiones industrializadas del este argentino. En 1953, en la revista de interés general P.B.T. puede leerse:
“Acaba de informarse que se abre una licitación para adquirir 400.000 toneladas de chapas y la fabricación de caños para los oleoductos entre Campo Durán, en Salta y San Lorenzo, Santa Fe, y entre Challacó, en Neuquén y Bahía Blanca y del gasoducto entre Campo Durán y Buenos Aires. La realización de estas importantísimas obras previstas en el Segundo Plan Quinquenal permitirá la disponibilidad de mayores cantidades de petróleo crudo y de gas natural, con la consiguiente ampliación de los servicios en beneficio de las actividades industriales y comerciales. La construcción de esos oleoductos y del nuevo gasoducto permitirá asimismo acelerar el transporte de productos tan esenciales desde los centros de producción a los de consumo”[9].
Vale decirse que la idea de un oleoducto entre los pozos neuquinos y los puertos bahienses ya estaban en carpeta de YPF en las postrimerías del gobierno peronista.
El derrocamiento del gobierno del general Juan D. Perón, en 1955 por la autodenominada Revolución Libertadora marcó un punto de inflexión en la política petrolera argentina. El gobierno de facto que asumió el poder y fundamentalmente el gobierno desarrollista del Dr. Arturo Frondizi (1958-1962) implementaron una nueva estrategia energética que abandonó el monopolio estatal absoluto y promovió la exploración intensiva de nuevos yacimientos, particularmente en la cuenca neuquina. Durante este período inicial, los descubrimientos de Catriel Oeste en 1959 y la confirmación del horizonte petrolífero en 1960 sentaron las bases para el desarrollo posterior de la infraestructura de transporte hacia la costa atlántica. Estos hallazgos evidenciaron la necesidad de contar con sistemas de evacuación más eficientes que los existentes hasta entonces[10].
El presidente, que había escrito el libro Petróleo y política en 1954[11], denunciando la actividad de empresas petroleras extranjeras y defendiendo el monopolio estatal, enfrentaba una grave situación energética: Argentina consumía quince millones de toneladas de petróleo anuales pero solo producía cinco millones, requiriendo importaciones por diez millones de toneladas que representaban un millón de dólares diarios. Esta crisis energética amenazaba el modelo de industrialización sustitutiva que constituía la base del proyecto desarrollista.
La respuesta frondicista se articuló en torno a tres pilares fundamentales: la nacionalización del petróleo mediante la Ley 14.773, el monopolio de YPF sobre las actividades hidrocarburíferas, y el objetivo del autoabastecimiento energético. La ley establecía que “los yacimientos de hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos… son bienes exclusivos, imprescriptibles e inalienables del Estado Nacional” y declaraba “de urgente necesidad nacional… el autoabastecimiento de hidrocarburos y sus derivados”. Sin embargo, paradójicamente, la estrategia para alcanzar estos objetivos incluía contratos de locación de obras con empresas extranjeras, generando tensiones con el discurso nacionalista previo expresado en su libro [12]. La política desarrollista de Frondizi configuró lo que Sebastián Gómez Lende ha conceptualizado como un proceso de “acumulación por desposesión”, donde se combinaron formas de despojo como la apropiación imperial de recursos naturales, la semiprivatización de áreas hidrocarburíferas, y el otorgamiento de garantías explícitas de ganancia al capital privado.
El oleoducto Challacó-Puerto Rosales y la monoboya de Punta Ancla.
La piedra angular del desarrollo petrolero de Puerto Rosales fue la construcción del oleoducto que lo conectaba con la Cuenca Neuquina. La instalación de esta infraestructura en Puerto Rosales respondía a las características naturales excepcionales de la estación marítima: un calado natural de 60 pies que eliminaba la necesidad de dragado continuo y permitía el acceso de buques petroleros de gran porte sin restricciones significativas. Esta ventaja comparativa, reconocida desde los primeros estudios portuarios, convertía a Puerto Rosales en una ubicación estratégica para las operaciones petroleras offshore, especialmente en comparación con otros puertos que requerían inversiones constantes en mantenimiento de canales de acceso. Además, la operatoria era mucho más fácil que en Puerto Galván, al evitarse congestiones y dificultades de embarque al tener al lado un puerto con gran capacidad de carga y eminentemente cerealero como Ingeniero White.

En julio de 1960, después de una licitación pública, Techint obtuvo la adjudicación, por parte de la petrolera Esso Argentina Inc., para la construcción de un oleoducto a fin de evacuar el petróleo crudo de los yacimientos que YPF estaba explotando en la provincia de Neuquén[13]. Esso financiaba y construía las obras por cuenta de YPF, cooperación de los sectores público y privado que era visto como ejemplar por las políticas petroleras implementadas por el frondicismo. Como lo expresaba una nota de un diario de la época:
“Un importante contrato fue suscripto entre Yacimientos Petrolíferos Fiscales y la Esso, Sociedad Anónima Petrolera Argentina. El documento establece la construcción de un oleoducto que unirá la localidad de Challacó (Neuquén) con Puerto Rosales, en Bahía Blanca (Buenos Aires). Esta obra tendrá una longitud de 625 kilómetros, con un tendido de cañería de 14 pulgadas de diámetro. La estación de bombeo estará ubicada en Challacó, con una capacidad inicial prevista en los 3.700 metros cúbicos, que podrá ser ampliada luego a 7.000. La planta terminal del oleoducto tendría una capacidad de almacenaje de 5.000 metros cúbicos. El plazo de ejecución de la obra ha sido fijado en 12 meses, período visto por la Esso Argentina. El costo no excederá de los 22.000.000 de dólares. Esta cantidad será reembolsada por Yacimientos Petrolíferos Fiscales en 30 cuotas anuales iguales, con un interés del cinco por ciento. Cualquier eventual excedente de esta cifra será financiado por la Esso Argentina”[14].

Este oleoducto, establecía la conexión vital entre los yacimientos neuquinos y la terminal portuaria bonaerense. Su construcción implicó una inversión tecnológica significativa para la época, utilizando cañerías de 14 pulgadas de diámetro provistas por la empresa Siat (perteneciente al conglomerado Siam, de la familia Di Tella)[15] con especificaciones API 5L X46 y soldadura ERW. El sistema original contemplaba una capacidad de transporte que permitiría evacuar la creciente producción de la cuenca neuquina hacia las refinerías del área metropolitana y los puertos de exportación.[16] La construcción del oleoducto, pactada para completarse en doce meses a partir del 15 de septiembre de 1960, se terminó en ocho meses, el 18 de mayo de 1961. Las pruebas hidráulicas, que sufrieron retrasos, finalizaron el 9 de agosto, permitiendo que la obra quedara habilitada en diez meses y medio. Asimismo, la puesta en funcionamiento de las estaciones de bombeo de cabecera y terminal —cuyas entregas estaban fijadas en siete y seis meses consecutivos, incluyendo pilotajes, obras civiles y montajes— también sufrió demoras; estas se completaron finalmente en diez y nueve meses, respectivamente[17].
Se construyó también, simultáneamente una terminal petrolera completa que incluía depósitos de almacenamiento y la primera monoboya de embarque.
Esta monoboya, ubicada en Punta Ancla, representó una innovación tecnológica para la Argentina, siendo una de las primeras instalaciones de amarradero de punto único (SPM) del país. Esta instalación, según Diego Omar, representaba una respuesta estructural a las necesidades de almacenamiento y distribución de hidrocarburos en el marco de la “batalla del petróleo” frondicista.

La monoboya Punta Ancla, diseñada según normas del American Bureau of Shipping (ABS), tenía las siguientes características técnicas:
- Diámetro: 10,5 metros
- Tipo: C.A.L.M. (Catenary Anchor Leg Mooring)
- Sistema de anclaje: cuatro cadenas radiales a 90° cada una
- Anclas: tipo Offdrill en tándem de 15 toneladas cada una
- Radio del campo de anclas: 300 metros
Las operaciones de la monoboya Punta Ancla comenzaron efectivamente en 1962, marcando el inicio de Puerto Rosales como terminal petrolera de primera magnitud.

La terminal, como se dijo más arriba, incluía una playa de cuatro tanques de 10.000 m 3 cada uno ubicados sobre la isla Cantarelli y que proporcionaba capacidad de almacenamiento para el crudo proveniente de la Cuenca Neuquina vía oleoducto y que permitía el acopio temporal del crudo antes de su embarque o traslado por parte de la flota de YPF hacia las refinerías de La Plata y Dock Sud. Esta infraestructura terrestre resultaba fundamental para garantizar la continuidad operativa del sistema, especialmente durante las fluctuaciones estacionales de la producción y la demanda.
Estaba previsto que el presidente Frondizi inaugurase el conjunto de trabajos de Puerto Rosales, conjuntamente con otras en Bahía Blanca. Presidencia tenía previsto una visita del primer mandatario a Puerto Rosales y a Ingeniero White, donde también dejaría inaugurada una ampliación de la usina General San Martín y el acueducto Paso de las Piedras. Sin embargo, por razones que se ignoran, se decidió unificar los actos en Bahía Blanca, sin las recorridas in situ por las obras[18]. El 10 de febrero de 1962, en un palco montado frente a la municipalidad de Bahía Blanca, el presidente, entre otros conceptos, señaló:
“Inauguramos hoy dos expresiones concretas de esta soberanía que estamos conquistando. Este oleoducto, que baja desde las fuentes mismas del petróleo en Challacó, en la provincia de Neuquén, cruza dos importantes corrientes de agua: el Colorado y el Neuquén. Constituye una importante obra de ingeniería. Se ha realizado en un breve lapso y permitirá que los buques surtos en este puerto carguen el combustible en las cantidades necesarias para abastecer el crecimiento acelerado de nuestro litoral marítimo y para la eventual exportación”[19].
La segunda monoboya: Punta Cigüeña (1969).
La exploración petrolera prosiguió a lo largo de la Cuenca Neuquina, más allá de las inestabilidad política de los años 60, que incluyó el derrocamiento de Frondizi en marzo de 1962, el advenimiento del gobierno del radical Arturo Illia (1963-1966) y los gobiernos de facto de la denominada Revolución Argentina (1966-1973). Este último, si bien impulsó políticas neoliberales ortodoxas, en cuanto a infraestructura y políticas energéticas llevó a cabo un “desarrollismo autoritario”, según la caracterización de historiadores económicos contemporáneos[20].
El crecimiento de la producción en la zona nororiental de la cuenca, a partir del desarrollo del yacimiento El Medanito[21], hizo necesario la construcción de un oleoducto desde allí hasta Allen (Río Negro), que fue habilitado en julio de 1965.
Paralelamente, y ante el aumento de producción en toda la cuenca neuquina, hubo que instalar un segundo oleoducto Allen-Puerto Rosales, terminado en octubre del mismo año. Y con la incorporación a la explotación de las estructuras de Charco Bayo y Entre Lomas, hizo necesaria la construcción de un segundo conducto El Medanito- Allen, que fue habilitado en junio de 1969. Todo este sistema, al empalmar con el conducto Challacó-Puerto Rosales, permite evacuar la creciente producción del área Catriel-El Medanito hasta la terminal de Puerto Rosales[22]. Los datos técnicos de la obra aparecen en una publicación de YPF:

“Sistema de oleoducto Challacó-Puerto Rosales El Medanito-Allen. Posee tres secciones: Challacó- Allen, con diámetro de 14 pulgadas, longitud de 112 km y capacidad de bombeo de 3.600 m3 al día; El Medanito-Allen (dos conductos), con diámetros de 14 y 16 pulgadas, longitud de 110 km y capacidad de bombeo de 1 6.000 m3 /día, y Allen-Puerto Rosales (dos conductos ) , con diámetro de 14 pulgadas, 513 km de longitud y 21 .000 m3/día de capacidad de bombeo. Transporta crudo extraído de la cuenca neuquina” [23].

La operación eficiente del complejo petrolero de Puerto Rosales requería coordinación entre múltiples instituciones. YPF como operador de la terminal, la Armada Argentina como administrador portuario, Prefectura Naval como autoridad de seguridad marítima, y diversos organismos provinciales y municipales debían articular sus actividades para garantizar operaciones seguras y eficientes. Esta coordinación interinstitucional era especialmente compleja en un contexto de frecuentes cambios políticos y administrativos propios de los vaivenes políticos operados en los años 60 del pasado siglo.
La transferencia del puerto de la jurisdicción naval a la Administración General de Puertos en 1967 ejemplificaba estos desafíos institucionales. Este cambio administrativo facilitó su desarrollo como puerto comercial especializado y permitió una gestión más orientada hacia las necesidades del transporte marítimo de hidrocarburos.
En 1969, YPF construyó una segunda monoboya (en Punta Cigüeña, más próxima al muelle) Esta nueva instalación, de mayor capacidad que la primera, tenía 11,5 metros de diámetro y estaba diseñada para operar con un sistema de cuatro cadenas radiales equipadas con anclas tipo Off drill II de 20 toneladas cada una. El sistema de mangueras flotantes, también de 20 pulgadas de diámetro, proporcionaba capacidad de transferencia adicional que duplicaba efectivamente la capacidad operativa del complejo portuario.
Concomitantemente, también se levantó una playa de 18 tanques de depósito de petróleo con una capacidad de almacenamiento total de 480.000 m3, en Isla Cantarelli.
Las instalaciones de Puerto Rosales facilitaban tanto las operaciones de cabotaje como el comercio internacional de hidrocarburos. Los buques petroleros de la flota estatal de YPF, incluyendo unidades como el Puerto Rosales, Cutral Co, General Baldrich, Luján de Cuyo y Plaza Huincul adquiridos entre 1960 y 1962, utilizaban regularmente las instalaciones para operaciones de redistribución de crudo dentro del territorio nacional. Estas operaciones de cabotaje eran especialmente importantes para abastecer las refinerías costeras y complementar la red de oleoductos terrestres.
La construcción de Punta Cigüeña completaba el complejo de monoboyas que, junto con la playa de tanques, configuraba un sistema integrado de almacenamiento y transferencia marítima que posicionaba a Puerto Rosales como el principal puerto petrolero del país
Oleoducto Puerto Rosales- La Plata (1973).
El regreso de la democracia a Argentina en 1973, y el consiguiente fin del período de facto iniciado en 1966, marcó el regreso del peronismo al poder en Argentina. A partir de su asunción el 25 de mayo de 1973, el nuevo gobierno trajo consigo una nueva concepción de la política energética, plasmada en el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional. Este plan, proponía “establecer el monopolio estatal, con nacionalización de los recursos energéticos, su explotación y comercialización” en las áreas de petróleo, gas, carbón y recursos hidroeléctricos. El diagnóstico oficial reconocía que la matriz energética argentina dependía excesivamente de los hidrocarburos en detrimento de recursos alternativos como la energía hidroeléctrica y nuclear[24].
Esta política se enmarcaba en un contexto internacional complejo, signado por la llamada “crisis del petróleo” de 1973, que generó un fuerte incremento del saldo comercial negativo en materia energética para Argentina. El impacto fue doble: por un lado, la necesidad de importar petróleo y derivados para cubrir la demanda interna se vio agravada por el aumento de precios; por otro, se observó un crecimiento en las importaciones que generó déficit en la balanza comercial a partir de mediados de 1974. Fue en esta particular situación que en octubre de 1973 se puso en marcha el oleoducto Puerto Rosales-La Plata, que enviaba el crudo neuquino desde la terminal portuaria a la refinería que YPF tenía en proximidades de la capital provincial, en Ensenada[25] (Yazbek, 2015: 69). Hasta ese entonces, el petróleo neuquino se transportaba hacia la refinería platense por barco, desde Puerto Rosales[26]. Por ello el oleoducto modificó totalmente la operatoria, simplificándola y haciéndola más rápida y ágil.
La construcción de esta obra comenzó bajo la gestión del gobierno nacional anterior. A fines de 1972, la empresa YPF otorgó a Techint el contrato para llevar a cabo la edificación de un conducto cuyo recorrido se extendía a lo largo de 585 kilómetros. Este ducto, con un diámetro de 32 pulgadas (equivalente a 812,8 milímetros), fue diseñado para transportar petróleo extraído de las zonas de Challacó-Medanitos y conectaba Puerto Rosales con la refinería situada en La Plata, facilitando así el traslado y procesamiento del crudo en dicha planta[27]. Fue inaugurado en Ensenada por el interventor de YPF, general (RE) Ernesto Fatigatti, en presencia del gobernador de la provincia, doctor Oscar Bidegain, y otras autoridades. En el discurso que ofreció en el acto, el general Fatigatti destacó que el nuevo oleoducto podría transportar inicialmente 35.000 m³ de petróleo por día, y con nuevas estaciones de bombeo, aumentaría su capacidad a 80.400 m³ diarios. Además, explicó que, una vez operativo, permitiría a YPF un ahorro sustantivo al prescindir de buques extranjeros para el transporte de crudo[28].
La terminal de Puerto Rosales facilitaba esta estrategia al proporcionar flexibilidad logística para la distribución nacional de crudo y la exportación de excedentes. La capacidad de almacenamiento de 480.000 metros cúbicos permitía mantener reservas estratégicas que amortiguaban fluctuaciones estacionales en la producción o demanda, contribuyendo a la estabilidad del suministro energético nacional. Esta función de regulación era especialmente importante en un contexto de rápida expansión del consumo energético asociado al proceso de industrialización.
Todas estas inversiones en infraestructura, que permitieron a Puerto Rosales consolidar su perfil petrolero y ponerse a la vanguardia de la provincia en cuanto a volumen y valor de carga, no eran visibles por la comunidad puntaltense, al no recibir el derrame de la operatoria petrolera en la ciudad en forma directa y al ver al muelle abandonado y desierto. Las políticas de desarrollo portuario (al igual que las de todo el distrito de Coronel Rosales) estuvieron en su mayoría “exógenamente dirigida”, y afectada por los vaivenes económicos del país, a la par que condicionada por la dinámica nacional o bien por inversiones externas.
Principales oleoductos hacia Puerto Rosales (1961-1973).

Impacto en el desarrollo regional y nacional.
La instalación de la infraestructura petrolera transformó profundamente la economía de la región de Punta Alta y Coronel Rosales. La construcción de la terminal, las monoboyas y la playa de tanques generó oportunidades de empleo directo e indirecto que revitalizaron una economía local que había experimentado declive desde la crisis cerealera de los años 1940. La presencia de YPF como empresa estatal proporcionó estabilidad laboral y desarrollo de capacidades técnicas que beneficiaron a la región en su conjunto.
Además, la infraestructura petrolera atrajo inversiones complementarias en servicios marítimos, mantenimiento industrial y logística especializada. La necesidad de servicios de remolque, amarre, provisiones navales y reparaciones menores generó un ecosistema de empresas locales que diversificó la base económica regional. Este efecto multiplicador era característico de los grandes proyectos de infraestructura estatal que buscaban no solo objetivos sectoriales sino también desarrollo territorial integral.
Las instalaciones petroleras desarrolladas en Puerto Rosales entre 1960 y 1973 constituyeron la infraestructura pionera que sustenta la posición actual del puerto como principal hub energético de Argentina. La visión estratégica del desarrollismo frondicista y las políticas de fortalecimiento estatal del peronismo de los años 70 establecieron los fundamentos técnicos e institucionales que permitieron la evolución posterior del complejo portuario.
En perspectiva histórica, las instalaciones petroleras desarrolladas en Puerto Rosales durante 1960-1974 representan un caso paradigmático de planificación estatal de largo plazo que trascendió coyunturas políticas específicas. La infraestructura construida durante esos años fundacionales, concebida en el marco de las políticas desarrollistas de autoabastecimiento energético y fortalecimiento de YPF, proporcionó los cimientos sobre los cuales se ha edificado la posición actual de Argentina como exportador de hidrocarburos no convencionales. Esta continuidad entre las visiones estratégicas del pasado y las realidades productivas del presente ilustra la importancia de las inversiones en infraestructura como factor de desarrollo económico de largo plazo.
La historia de Puerto Rosales demuestra que las decisiones de política pública en materia de infraestructura energética tienen consecuencias que perduran décadas más allá de los gobiernos que las implementan. Las monoboyas de Punta Ancla y Punta Cigüeña, el oleoducto Allen-Puerto Rosales y la playa de tanques de YPF constituyen el sustrato material sobre el cual se ha construido la Argentina exportadora de petróleo del siglo XXI, validando la presencia estratégica de aquellos dirigentes que, entre 1960 y 1973, sentaron las bases del que hoy es el complejo energético portuario más importante del país.
Por Lic. Gustavo Chalier
Fuentes
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- Gaceta Marinera.
Citas
[1] Giuliani, Andrea y Díaz, Nora: Petróleo y economía neuquina, Neuquén, Universidad Nacional del Comahue, 2008. P. 66
[2]Minervino, Mario: “Isaura y Celina Eliçabe”, en La Nueva Provincia, 7 de marzo de 2011 https://www.lanueva.com/nota/2011-7-3-9-0-0-isaura-y-celina-elicabe
[3] Mateo, José: “Oro negro del Caribe en la Bahía Blanca. El transporte naval de petróleo en el camino al autoabastecimiento en Argentina (1951-1963)”, en Memorias, Año 11, N°27, septiembre-diciembre de 2015, p.227.
[4] Idem, p. 228.
[5] YPF, una empresa al servicio del país 1922- 1972, Buenos Aires, Departamento de Difusión y Ceremonial de YPF, 1972, p.90.
[6] Riccardi, Alberto: “El desarrollo histórico de las exploraciones petroleras en Argentina”, Comunicación efectuada en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, en la sesión plenaria del 30 de junio de 2015, p. 27.
[7] Buns, Warren: “Argentine Crude Output Increasing Under Y. P. F. Drilling Program”, en The oil and gas journal, Vol. 47, Nº 5, 3 de junio de 1947, p. 42 45
[8] Rikles, Bernardo: “Post war growth of Argentina calls for nation’s oil industry expansion” en World Petroleum, Vol. 17, Nª 10, septiembre de 1946, pp.50- 55
[9] P.B.T., Año XIX, Nº 870, 22 de mayo de 1953, p.16.
[10] YPF, una empresa al servicio del país 1922- 1972, Buenos Aires, Departamento de Difusión y Ceremonial de YPF, 1972, p.108
[11] Frondizi, Arturo: Petróleo y política. Contribución al estudio de la historia económica argentina y de las relaciones entre el imperialismo y la vida política nacional, Buenos Aires, Raigal, 1954.
[12] Gómez Lende, Sebastián: “La política petrolera argentina durante el gobierno de Frondizi (1958-1962): un análisis desde la teoría de la acumulación por desposesión”, en Espiral, revista de geografías y ciencias sociales, vol. 4, Nº 8, 2022, pp. 75-102. https://doi.org/10.15381/espiral.v4i8.23284
[13] Scarlatti, Víctor y Facchinetti, Guido: “Oleoducto Challacó-Puerto Rosales”, en Techint. Boletín Informativo, Nº 128, junio de 1962, p. 37.
[14] “YPF suscribió un contrato con la empresa Esso”, en El Litoral, 17 de mayo de 1960, p.1.
[15] Castro, Claudio : “Desarrollo energético, Estado y empresa: Algunas cuestiones en torno a la construcción del Gasoducto Patagónico durante el primer peronismo”, en .América Latina en la Historia Económica, 2010, Nº2, vol.17, pp.159-190.
[16]Oleoductos del Valle .S.A: “Sistema de oleoductos”, s/l., s/f., https://www.energia.gob.ar/contenidos/archivos/Reorganizacion/informacion_sectores/direccion_exploracion/jornadas/Oleoductos%20del%20Valle%20SA/SSC%201759.pdf
[17] Scarlatti, Víctor y Facchinetti, Guido: “Oleoducto Challacó-Puerto Rosales”, en Techint. Boletín Informativo, Nº 128, junio de 1962, p. 39.
[18] ”Viajará mañana a Bahía Blanca el jefe del Estado. En la municipalidad local se anunció el programa oficial que se desarrollará en esta ciudad con motivo de la visita que el Dr. Arturo Frondizi efectuará mañana para dejar inauguradas varias obras públicas. Se observan algunas variantes respecto a las informaciones suministradas con anterioridad sobre la visita presidencial. Entre ellas figura el hecho de que el Dr. Frondizi no llegará a la base aeronaval Comandante Espora, como se había adelantado días pasados, sino que el avión que lo conducirá descenderá en el aeropuerto civil de Villa Harding Green. Tampoco almorzará ni descansará en la referida base aeronaval, sino que lo hará en el Club Argentino de esta ciudad. Además, se suprimió la inauguración que debía efectuarse en las últimas horas de la tarde en Puerto Rosales del oleoducto Challaco-Puerto Rosales. El oleoducto será inaugurado simbólicamente durante la concentración popular que se efectuará frente al palacio municipal de esta ciudad. Se estima, no obstante, que aún puede ser modificado nuevamente el programa oficial de actos ( El Litoral, 9 de febrero de 1962, p.2)
[19] El Bien Público, Montevideo, 11 de febrero de 1962, p.1
[20] Barranquero, Ignacio; Kulfas, Matías, Rougier, Marcelo y Salles, Andrés: De la Standard Oil a Vaca Muerta. Vaivenes del sector energético argentino e impactos en el sector externo, Serie Documentos de Trabajo del IIEP (Instituto Interdisciplinario de Economía Política), Nº105, septiembre 2025, p.17. Sobre el concepto, que involucra la promesa de resurgimiento y fortalecimiento nacional mediante grandes obras de producción e infraestructura por parte de gobiernos autoritarios o populistas, véase: Arsel, Murat; Adaman; Fikret y Saad-Filho, Alfredo: “Authoritarian developmentalism: The latest stage of neoliberalism?”, en Geoforum, Volumen 124, agosto de 2021,pp. 261-266.
[21] El yacimiento de petróleo Medanito se encuentra en la provincia de La Pampa, cerca de la localidad de 25 de Mayo. Se extiende también al límite con las provincias de Río Negro, Neuquén y Mendoza.
[22] YPF, una empresa al servicio del país 1922- 1972, Buenos Aires, Departamento de Difusión y Ceremonial de YPF, 1972, p.p. 91 y 110.
[23] Idem. P.138.
[24] Barrera, Mariano y Vitto, Cecilia: El Plan Energético del Tercer Gobierno Peronista (1973-1976): potencialidades, limitaciones y consecuencias de la crisis del petróleo
[25] Yazbek, Susana: YPF y la política petrolera de los gobiernos peronistas entre 1973 y 1976. Un estudio sobre el sector petrolero argentino en tiempos de crisis, Trabajo Final de Posgrado. Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. 2015, p. 69
[26] Carrizo, Silvina Cecilia. Les hydrocarbures en Argentine : réseaux, territoires, intégration. Thèse de doctorat en Géographie, Aménagement, Urbanisme, Université Paris III – Sorbonne Nouvelle, dirigée par Jean Revel-Mouroz, soutenue le 4 décembre 2003, p 167.
[27] “Oleoducto Puerto Rosales-La Plata”, en Techint. Boletín Informativo, Nº 193, enero-febrero-marzo de 1974, p. 2.
[28] “Fue inaugurado ayer el mayor oleoducto del país”, en Crónica, 6 de Octubre de 1973, p. 4.















Excelente informe. Muy completo y enumerando de manera clara y concisa la planificación y el desarrollo del proceso de transporte petrolero en la Historia Argentina.